Él vio que ella se puso blanca de la impresión y sus ojos hermosos, se abrieron como platos, dejándolo cautivado en el acto, pero a pesar de ello no quiso darle tregua alguna, era una chismosa de primera, tenía toda la intención de hacerla sentir incómoda hasta más no poder, solo con verla se había dado cuenta que era una mujer superficial más pendiente de su aspecto que de su trabajo y que pensaba que con el físico podía todo conseguir, lo bueno es que estaba advertido sobre ella, por cuanto algunas de sus compañeras de trabajo, le habían indicado la clase de persona que era e incluso le mencionaron que se había convertido en la amante de Gino, quien la habría ingresado sin experiencia, ni recomendaciones a cambio de favores sexuales.
—Vamos señorita responda, o le comieron la lengua los ratones—dijo en tono de burla.
—Y-yo…Yo no…—estaba nerviosa y las palabras no surgían de su boca.
—Aparte de chismosa eres cobarde, que le gusta hablar a espaldas de los demás cuando no pueden defenderse, pero cuando uno te pregunta o pide alguna explicación, enmudece, tartamudeas, ¿O acaso sufres de algún problema de comprensión? —manifestó frunciendo sus labios.
Su actitud prepotente la hizo enojar, y luego de darse unas manotadas mentalmente, le respondió aunque prefirió mentirle a repetir lo que había dicho —No sé de qué está hablando, quizás estés padeciendo de algún problema auditivo y eso justifica que no haya escuchado bien lo que yo estaba diciendo, porque en realidad, no tengo absolutamente nada negativo que decir en contra de mis empleadores porque ni siquiera los conozco, por eso no puedo opinar. Además ¿Quién eres tú, para yo tener que darte explicaciones? —expresó con mirada de prepotencia, si él sabía darse aires de superioridad estaba hablando con la madre de esa actitud, pensó sonriendo para sus adentro.
Él la observó tratándola de intimidar, pero ella le sostuvo la mirada retadoramente —Por ahora soy el supervisor de esta sucursal, lo que me haría algo así como tu jefe, por lo cual estás siendo muy altanera dado que eres mi subalterna—indicó esbozando una falsa sonrisa que no llegó a sus ojos.
—No creo, estamos fuera de las instalaciones de los almacenes, por lo cual aquí en este sitio, tú y yo tenemos igualdad de condiciones ¿Señor?
—Para ti Pir Roldán —dijo mirando su reloj —. Y ya, es hora de que inicies la faena de trabajo, subordinada.
Alondra lo miró con rabia, pero prefirió no replicarle, sabía cuando llevaba las de perder. Por ello, sin pérdida de tiempo, inició su jornada de trabajo, y posteriormente Pir, como nuevo supervisor fue entrevistando a cada uno de los empleados, cuando le tocó el turno a ella, estaba un poco nerviosa, no quería estar sola con ese hombre. Se sentía intimidada por su presencia, de hecho le parecía conocido, pero no lograba recordar de donde.
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Pir Roldán como se había identificado, estaba esperando la entrada de la chica Peralta, ella le parecía conocida, sobre todo sus ojos, tenía la impresión que la había visto con anterioridad. Justo en ese momento recibió una llamada a uno de sus móviles, el número no se marcaba en la pantalla, hizo una mueca, al contestarlo escuchó una voz al otro lado que ni siquiera lo saludo, sino que fue directo al grano, la reconoció de inmediato —Dime Pir, ¿Cómo es eso que sacaron de circulación a uno de nuestros mejores hombres?
—Había que sacrificar a alguien, estaban encima, como comprenderás no podía ser yo—expresó con toda la calma que le fue posible.
—Por supuesto que no, pero los jefes están pidiendo tu presencia. Necesitan de tu ayuda, además están preocupados por ti—afirmó el hombre.
—La tendrán, sabe que eso no se pregunta mio Fratello—respondió con tranquilidad.
—¡Así es! Debes cuidarte tal vez anden tras de ti—expresó el hombre.
—No tienen nada que temer, se cuidarme solo—manifestó con certeza.
—Te espero en la noche, donde siempre—ordenó..
—Allí estaré —respondió Pir cortando el teléfono, justo a tiempo porque había aparecido la señorita Peralta, creidita la niña, con unas ínfulas de superioridad que lo incordiaba bastante, le molestaba la gente como ella, pero no entendía el porqué de su actitud cuando era una humilde dependienta que dependía de él para poder seguir trabajando allí.
—¿Por qué te contrataron? —le preguntó sin miramientos.
—Porque había un puesto vacante y necesitaba el trabajo—respondió a secas la chica.
—¿Te acostaste con Gino para que te contratara? ¿Eras su amante? —preguntó con insolencia.
Alondra no se detuvo a pensar, la furia la invadió y le propinó una sonora cachetada, pero apenas ella se la dio Pir le sostuvo la mano y con su mirada llena de rabia, apretó sus dientes y conteniendo su enojo, le apretó la mano, aunque no fuerte diciéndole —¡Eres una atrevida! ¿Qué tal si yo tomo tu hermosa mano y te la doblo hasta partírtela? sería mi reacción natural a un acto de violencia tuyo —sin embargo, no pudo evitar el corrientazo que sintió de su mano hacia su brazo apenas tocarla, la iba a soltar asustado, pero prefirió ignorar esa sensación, no podía demostrarle que su contacto le había afectado.
Ella lo miró sorprendida, por varias razones, ni siquiera pensó cuando lo abofeteó, tampoco esperó la reacción de él, aunque le sostenía la mano con fuerza no estaba ejerciendo presión y por último el chispazo que sintió en su brazo apenas la tocó, eso jamás le había sucedido.
—Mi reacción fue un acto natural a tus insultos, yo soy una mujer y no debes hablarme de esa manera —expresó con aparente tranquilidad.
—Solo repito lo que están manifestando tus compañeras de trabajo—respondió Pir sin poder simular su molestia.

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