Alondra dudó, sus instintos le decían que no debía aceptar, de hecho tuvo una lucha interna entre su conciencia y su cuerpo, Pir le tomó las mejillas y comenzó acariciarla suavemente —. ¿Aceptas? —volvió a preguntar.
Ella lo observó un momento, posó la mano en su barbilla, luego la subió rozando con sus dedos su labio inferior, él le tomó los dedos y los besó uno a uno, Alondra sintió que su cuerpo ardía como brasa, sabía que era un peligroso aceptar esa invitación, pero desoyó a su conciencia y ganó su cuerpo —Acepto ir contigo.
*********************************************************
Así transcurrió el resto del día, Pir no dejaba de pensar en la cita que iba a tener con Alondra esa noche, distracción que no era recomendable pues necesitaba tener sus cinco sentidos y sus instintos concentrados en lo que debía hacer. Tomó uno de los móviles desechables que tenía, marcó de una vez el número para confirmar la entrega que tenían prevista para ese día.
—Giuseppe. Ya está todo listo, a la hora acordada se enviarán los hombres con el cargamento—informó el chico.
—Espero que no haya problema con esta entrega Pir, los jefes no están contentos últimamente—dijo el hombre con un tono malicioso.
—¿Crees que yo sí? Pues si así lo piensas, te equivocas Giuseppe, porque yo tampoco lo estoy—expresó cortando la llamada.
No veía el día en que pudiera acabar… sus pensamientos fueron interrumpidos por otra llamada al atender era nuevamente Giuseppe —Quieren que tú personalmente te encargues de la entrega de esta noche.
—Hoy no puedo. Tengo compromisos previos que no puedo eludir—se justificó pensando en su cita con Alondra.
—¿Qué compromisos pueden ser más importante que el trabajo? —interrogó el hombre.
—Ese es un asunto que solo me concierne a mí, no estoy obligado a darle explicaciones en ese aspecto a nadie—espetó con molestia.
—Te crees indispensable, ya te veré caer Pir, y cuando eso pase te estaré esperando—amenzó el hombre con rabia.
—Entonces en ese momento nos veremos las caras Giuseppe, porque yo también te cargo entre ceja y ceja—cortó la llamada y estrelló el celular en la pared con rabia, mientras exclamaba—. ¡Maldito mafioso!
Se obligó a tranquilizarse, últimamente desde que había entrado a todo estos artilugios se alteraba con mucha facilidad, pues en ese mundo o te hacías duro y fuerte o simplemente no sobrevivías, tenía tiempo sin ver a su familia, se moría por estar con ellos, pero no podía ponerlos en peligro, por más que había tomado previsiones para proteger su identidad, sabían que estaban tras sus pasos, era difícil llevar esa vida que había decidido algún tiempo llevar, pero nunca le había pesado tanto como ahora.
Tomó otro de sus celulares y marcó a Manolo, su hombre de absoluta confianza, su amigo, quien sabía todo de él. Le atendió al primer repique —Manolo, esta semana no iremos con la familia, ellos me están siguiendo los pasos, no puedo arriesgarlos.
—Está bien señor Ro…—Pir lo interrumpió.
—Olvídate de eso Manolo soy Pir Roldán—le dijo con firmeza.
—Lo siento, pensé que como solo estábamos tú y yo—expresó el hombre con preocupación.
—Nunca sabes quién puede estar vigilando. Otra cosa, busca a los muchachos, lleva dos camionetas con gente de seguridad para que nos brinden protección.
—¿A quiénes? —interrogó su guardaespaldas y amigo—.Otra vez en tus andanzas con las chicas.
—No, esta me gusta bastante— señaló con sinceridad—, por eso quiero que destines siempre gente que la vigile para que la cuide, por favor. Más tarde te doy los datos de ella—concluyó la llamada.
**********************************************************
Se hizo la hora de salir del trabajo, Alondra se fue a la habitación que tenía arrendada, se bañó y luego comenzó a buscar ropa para vestirse, estaba indecisa sobre que colocarse, porque no quería ponerse ropa de marca, tal vez Pir supiera de eso y se daría cuenta que provenía de una de las familias más ricas de Europa, pero también pensaba que no podía ir con los mismos jeans que usaba para ir a trabajar, así que decidió ponerse una braga negra descubierta en los hombros con unas sandalias tacón medio color carne, de solo imaginarse a Pir, se le erizaba la piel y sus pezones se erguían, nunca antes se había sentido tan descocada por un hombre, él la tenía realmente mal, se ponía a pensar que tenía de diferente a los otros, incluso a Taddeo porque jamás sintió por él ese volcán que bullía en su interior, pero no encontraba respuestas.
Se miró al espejo y se recogió el cabello en una cola atrás, se maquilló, solo uso polvo en su rostro y resaltó principalmente sus ojos, se echó rímel para rizar más sus pestañas y lápiz de ojos, se aplicó sombras en negro y beige y se aplicó un labial rosado. Tomó su bolso y salió nerviosa a esperarlo fuera de la casa donde vivía, llegó en una camioneta blindada, seguida de dos vehículos más. Nunca lo había visto fuera de las instalaciones del trabajo, pero ese despliegue de seguridad, le dio una mala percepción, ¿Cómo alguien que solo era supervisor en una red de almacenes y supermercado, iba a contar con semejante protección? en ese momento llegó a su mente, que el padre de…sacudió la cabeza, no era tiempo de pensar en estupideces, si eso fuera así sería demasiada coincidencia, además él hombre que tenía frente así se llamaba Pir Roldán, ni remotamente, tenía los nombres de esa familia. Desechó la idea, en ese mismo momento él llegó a su lado, la tomó del brazo, le dio varias vueltas y le dijo —Estás demasiado hermosa, pareces toda una reina.
Ella no pudo evitar la radiante sonrisa que se dibujó en su boca, lo observó y Pir también estaba guapo, lo recorrió de pies a cabezas, cargaba un pantalón verde, una camisa negra y un abrigo negro de botones, con unas botas—Tú también estás muy guapo—expresó, él la tomó por ambas mejillas y la acercó a él, dándole un profundo beso.
—Sabes al más rico néctar, quisiera quedarme besándote para siempre—le mencionó con una sonrisa.
—Serás exagerado, creo no es posible hacer eso—manifestó sonriente.
—No estés tan segura, es mejor irnos a cenar, antes de que pierda los estribos besándote y después tendrás que abrir esa puerta para comer otro tipos de postre que se me ocurren—espetó con picardía.
Pir le abrió la puerta del auto y la ayudó a subir, luego de algunos minutos, se dio cuenta que un par de autos aún los seguían, no pudo evitar preguntarle porque eso la inquietaba —Pir, ¿Por qué nos siguen esos autos?
Pir quería evadir la pregunta, sin embargo se convenció que no era lo más sensato —Son mis guardaespaldas—indicó en tono neutro.
—¿Por qué necesita un supervisor de tiendas, guardaespaldas?
—Porque he recibido amenazas—respondió con sinceridad.
—¡¿Quiénes te amenazaron?! —exclamó preocupada.
—Alondra creo es mejor que no hablemos de ese tema, por favor, quiero disfrutar la velada contigo ¿Si? —le dijo mientras le tomaba la mano y se la besaba para luego colocarla en su regazo.
—Discúlpame, no fue mi intención importunarte—expresó con preocupación.
—No por favor, no me estás importunando, te prometo que después te cuento, pero ahora solo quiero conocer de ti—afirmó sonriente.

VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: RINASCERE (UNIVERSO FERRARI) 1RA BILOGÍA RINASCERE