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Rosas Renacidas con Espinas romance Capítulo 209

A la mañana siguiente, después de lavarse la cara y los dientes, Vanessa fue al vestidor y escogió un vestido para Ximena.

—Tu ropa, Gabriela la llevó a lavar. Ponte este, ¿sí? —Vanessa acercó la prenda al cuerpo de Ximena, la midió con la mirada y asintió satisfecha—. Se ve muy bien, te queda perfecto.

Los ojos de Ximena se iluminaron al ver el vestido, pero enseguida su expresión cambió y bajó la mirada, dudosa.

Con voz suave le preguntó:

—Vane, ¿no será que este vestido cuesta mucho?

—Ay, no le des vueltas, no es nada caro —le contestó Vanessa, sincera. El vestido lo había comprado ella misma, y solo le había costado unos cuantos cientos de pesos.

Vanessa conocía bien a Ximena y sabía que si sentía que era algo caro, se iba a preocupar. Por eso justo había elegido ese vestido sencillo.

—Gracias, Vane —dijo Ximena, y solo después de escuchar eso fue a cambiarse.

La familia Pérez nunca había tenido posibilidades económicas. Ximena jamás se había comprado un vestido bonito. La mayoría de su ropa eran pantalones y blusas de manga larga que usaba todo el año.

Era la primera vez que se ponía un vestido y, de repente, se sintió incómoda. Miró a Vanessa con nerviosismo, dudosa.

—¿Cómo me veo?

—Te ves increíble, la verdad es que los vestidos te quedan muy bien —le respondió Vanessa con una sonrisa amplia.

Las dos terminaron de arreglarse y bajaron juntas.

En la sala, Emilio estaba sentado viendo las noticias matutinas. Cuando vio bajar a Vanessa, se levantó enseguida y le pidió a Gabriela que llevara el desayuno a la mesa.

Era la primera vez que Ximena veía al papá de Vanessa tan de cerca. De inmediato, se puso rígida y no sabía ni dónde meter las manos.

El jefe de jefes en la vida real era igualito a como lo pintan en las novelas.

Por fin estaba frente al hombre más exitoso de Nueva Alameda. Ximena se puso aún más tensa, se enderezó y, sin pensarlo mucho, hizo una reverencia de noventa grados.

—Buenos días, señor. Soy amiga de Vane, ayer me quedé a dormir, espero no haberles causado molestias.

Vanessa se asustó, se apresuró a ayudarla a incorporarse.

—Si eres amiga de Vane, aquí siempre eres bienvenida. No hay molestia alguna —Emilio no mostró mucha reacción, pero su tono con Ximena fue sorprendentemente amable.

—Gracias, señor —respondió Ximena, muy educada.

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