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Rosas Renacidas con Espinas romance Capítulo 214

A lo largo de estos años, Patricia se había hecho notar por todos lados bajo el título de “la nieta de la familia Leyva”, ganándose fama y atenciones. Mientras tanto, el verdadero nieto de los Leyva aguantaba miradas de desprecio y se convertía en la burla de todos.

Apenas Vanessa terminó de hablar, muchos de los invitados que sabían lo que pasaba voltearon a ver a Patricia, con expresiones entre incómodas y llenas de morbo.

—Nada más es una recogida de los Leyva, ¿a poco de verdad se cree la gran cosa? ¿Desde cuándo los perros pueden pelear el lugar con el dueño?

—Mira nomás, ni el verdadero nieto de los Leyva quiso venir, pero ella bien puesta, siguiéndoles el paso como si de veras fuera parte. Qué descarada.

—Llegó, se acomodó en el nido ajeno. Ahora sí que se cree la dueña.

...

Patricia sentía un montón de miradas burlonas clavándose en ella. Hubiera querido hacerse tan pequeña como para meterse bajo tierra y desaparecer de la vergüenza.

—Tú... —balbuceó, sin poder creer lo que Vanessa acababa de soltarle frente a todos. Y lo peor: no tenía manera de defenderse. El coraje se le atascó en el pecho y ni siquiera podía desahogarse.

—Abuelo... —musitó, frustrada y con la voz temblorosa, mirando a Guillermo con ojos suplicantes, como buscando que él la defendiera y le hiciera justicia.

Pero Guillermo no le concedió ese consuelo. En cambio, con el gesto endurecido y la voz cortante, la regañó sin rodeos:

—Patricia, basta de esos jueguitos.

Guillermo había observado todo lo que acababa de pasar entre las dos. Frunció el ceño, y en sus ojos se notaba la decepción, como si una sombra le hubiera cubierto el semblante.

Al final, pensó, esta nieta suya había tomado el camino equivocado.

Por el cariño que sentía por ella, por haberla criado desde pequeña, había accedido a traerla a la fiesta, dándole una oportunidad más. Pero ahora comprobaba que eso había sido un error.

Al notar la decepción en la mirada de Guillermo, Patricia se calló de inmediato, sin atreverse a decir una palabra más.

En silencio, desvió la mirada hacia Vanessa, y en sus ojos se encendió un destello de rencor.

¿Cómo podía ser que esa malagradecida, que acababa de regresar, ya tuviera al abuelo de su lado? Si en el fondo no era más que un adorno, ¿por qué ella tenía el cariño del abuelo?

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