Las palabras de Vanessa cayeron sobre Alejandro y Simón como cuchillas afiladas, atravesándoles el pecho sin piedad.
Ambos sintieron como si les hubieran arrancado la máscara frente a todos; sus caras reflejaban una mezcla de vergüenza y rabia que era imposible disimular.
Vanessa, encantada con la escena patética que ofrecían esos dos, soltó una carcajada desinhibida.
—Bueno, ya viéndolos así de miserables, ahora sí me quedo tranquila. Esta noche voy a dormir como nunca.
Sin esperar respuesta, se puso de pie y salió del lugar sin mirar atrás.
Afuera del hospital, Vanessa respiró hondo el aire fresco de la noche. Sentía una ligereza inexplicable y una satisfacción que le recorría todo el cuerpo.
En su vida pasada, Simón Sánchez y Marcelo Flores la habían llevado a la sala de operaciones solo para sacarle un riñón y dárselo a Celeste. Ahora, en este nuevo comienzo, Vanessa se había prometido a sí misma que todo lo que le hicieron, se los devolvería con creces.
¿La familia Sánchez merecía compasión? Para nada. Que Simón estuviera al borde de la muerte apenas era el primer plato de lo que les esperaba, un simple aperitivo.
Lo que venía para la familia Sánchez iba a estar mucho más entretenido.
Vanessa esbozó una sonrisa torcida, sus ojos brillando con una emoción que rayaba en la ansiedad.
...
Después de dejar el hospital, Vanessa regresó a casa, a la mansión de la familia Leyva.
Desde el día en que notó que los Leyva la consentían sin condiciones, Vanessa dejó de fingir. Ya no le importó disimular frente a ellos: les mostró su verdadera faceta, sacó a relucir todo el encanto travieso que llevaba dentro, sin filtros ni máscaras.
Pensaba que, cuando los Leyva se cansaran de sus actitudes, simplemente se iría y no miraría atrás.
Lo que Vanessa no sabía era que, desde el mismo día en que salió del hospital, Emilio y Francisco habían comenzado una batalla abierta por el control del poder, desatando un verdadero torbellino en Nueva Alameda.
Durante años, Francisco había construido un imperio en las sombras, acumulando recursos y contactos. Había fundado en el extranjero una empresa tecnológica de gran prestigio, Futura Byte, que ya rivalizaba en tamaño y alcance con el Grupo Leyva. Y justo hacía poco, Francisco había trasladado la sede de Futura Byte a Nueva Alameda.
En esos días, Futura Byte se dedicó a ponerle piedras en el camino al Grupo Leyva sin descanso. En menos de una semana, ya les había arruinado varios proyectos importantes y hasta les había quitado a algunos de sus clientes más grandes.
Las pérdidas para el Grupo Leyva eran brutales.
Vanessa, aunque no le prestaba mucha atención a los negocios de la familia, no era tonta. Se dio cuenta de inmediato de que algo grave estaba pasando en la empresa.
Emilio apenas se dejaba ver por casa. Y cuando por fin aparecía, traía unas ojeras tan marcadas que era claro que no había pegado el ojo en días.

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