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Rosas Renacidas con Espinas romance Capítulo 250

El rostro de Celeste se puso pálido como una hoja. Ese día, se había vestido así solo para que nadie la menospreciara, jamás imaginó que acabaría metiéndose en semejante lío.

Miró a las otras chicas, con lágrimas a punto de asomarse en sus ojos.

—¿No se supone que somos amigas? ¿De verdad ninguna de ustedes puede confiar en mí?

Hacerse la víctima era el truco que más usaba y, hasta la fecha, el que mejor le funcionaba.

Celeste les lanzó una mirada suplicante, esperando que esa movida le ganara la simpatía del resto de la clase.

En otras ocasiones, para ese momento ya habría tenido a varias personas rodeándola y consolándola. Pero, aunque sentía que hoy había actuado mejor que nunca, nadie dio un paso al frente para defenderla.

Por dentro, Celeste estaba furiosa y maldijo mentalmente a cada uno de ellos una y otra vez.

En ese instante, alguien soltó con voz llena de fastidio:

—¡Qué asco!

Al ver de nuevo esa cara de Celeste, como si fuera a romperse en cualquier momento, el grupo no pudo ocultar su desagrado.

Una de las chicas, que desde hace tiempo no la soportaba, tomó un libro de su mesa y se lo lanzó directo, con rabia.

Le gritó con un tono que destilaba desprecio:

—Celeste, ya deja de hacerte la víctima. ¿De verdad piensas que somos tan tontas que no vemos lo que eres? ¡Tus trucos ya no engañan a nadie, vieja hipócrita!

—¿Sabes por qué antes te tratábamos tan bien? Era solo porque eras la hija mayor de la familia Sánchez. Si no fuera por eso, ni te mirábamos. Solo queríamos proteger los negocios de nuestras familias.

Puras hipócritas, todas.

El libro la golpeó en la frente y Celeste sintió un zumbido en la cabeza. Se agarró la frente, furiosa, y en sus ojos se encendió un brillo de odio. En silencio, juró que no dejaría que esa bola de traidoras se saliera con la suya.

Perla, cruzada de brazos y con una expresión impasible, la miró sin piedad:

—Ahora que la familia Sánchez está en bancarrota, ya no sirves para nada. No necesitamos una amiga pobre.

—Mejor lárgate. Desde hoy, una muerta de hambre como tú no merece juntarse con nosotras. Ni se te ocurra aparecerte de nuevo, porque la próxima vez que te veamos, te va a ir peor.

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