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Rosas Renacidas con Espinas romance Capítulo 258

En ese momento, el restaurante ya estaba prácticamente vacío. Solo quedaban Ximena y Vanessa sentadas a la mesa.

—Bien merecido lo tenía —aventó Ximena, observando la espalda de Héctor mientras se alejaba y rodando los ojos con descaro—. De verdad, ver a esos dos hermanos pelearse así fue de lo más satisfactorio. Hasta siento que ya no tengo ni una pizca de estrés en el pecho.

Vanessa no soltó palabra, pero la expresión en sus ojos decía más que suficiente: su ánimo había mejorado notablemente.

...

Apenas salió del restaurante, Héctor fue directo a buscar a Celeste.

No estaba dispuesto a creer ni una sola palabra de lo que ella había dicho minutos atrás.

La escuela estaba casi desierta a esa hora, y el salón del grupo diez tenía solo un par de alumnos. Héctor localizó rápido a Celeste y la llamó afuera. Los dos subieron juntos hasta la azotea del edificio.

Allí estaban, frente a frente, esos dos hermanos que antaño eran inseparables. Pero ahora, entre ellos, se extendía un silencio que parecía imposible de romper.

Héctor esperaba que Celeste diera la primera explicación. Celeste solo quería que Héctor hablara de una vez.

Pasaron varios segundos sin que nadie dijera nada. Al final, Celeste arrugó la frente, ya impaciente.

—A ver, dime lo que tengas que decir rápido —le soltó con tono cortante—. Si alguien nos ve aquí juntos, luego van a empezar a inventar cosas.

Mientras hablaba, Celeste miraba nerviosa a su alrededor, como si en cualquier momento alguien pudiera aparecer y sorprenderlos.

Héctor palideció. Incluso en ese instante, no quería aceptar lo que estaba ocurriendo delante de sus ojos. Tragó saliva y le costó sacar las palabras.

—Celeste, lo que dijiste hace rato en el restaurante... eso no puede ser cierto, ¿verdad?

Celeste soltó una carcajada seca, como si le causara gracia la ingenuidad de su hermano.

—Héctor, ¿por qué siempre eres tan ingenuo?

Esta vez, decidió dejarlo todo claro de una vez:

—La familia Sánchez ya está en la ruina, somos unos perdedores. Si sigo juntándome contigo, solo van a burlarse de mí. Y yo no quiero que nadie me vea de esa forma. Si de verdad me aprecias, mejor haz como si no me conocieras aquí en la escuela.

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