Héctor miró a Celeste, con los ojos enrojecidos, y murmuró:
—No puede ser.
Al recordar la escena que vio al despertar aquella vez, se apresuró a decir:
—Cuando desperté, solo estabas tú en la habitación. Después, las muchachas de la casa me dijeron que tú me cuidaste todo un día y una noche. Además, ¿no era que Vanessa se fue a jugar al parque de diversiones por andar de vaga? No puede haber sido ella.
Celeste se burló, con una risa amarga y la voz llena de sarcasmo.
—¿De verdad no puede ser, o es que simplemente no quieres aceptar la verdad? —suspiró con desdén—. Héctor, de veras que los Sánchez son todos igual de ingenuos. Ponte a pensar un poco, en esta casa yo siempre fui la consentida, la que todos cuidaban. ¿Cuándo has visto que yo me ponga a cuidar a alguien más?
El rostro de Héctor se puso pálido, una sombra de duda se le instaló en la mirada.
Celeste lo ignoró, y soltó una carcajada.
—Además, todas las muchachas de la casa reciben su sueldo de mi mamá. ¿Tú crees que alguna se va a atrever a decir la verdad?
Hizo una pausa breve, y luego, con una media sonrisa, añadió:
—Y para que te enteres, Vanessa nunca fue a ese parque de diversiones. —Por un momento, pareció recordar algo divertido, y sus labios se curvaron en una mueca de malicia—. Ese parque ni lo conoce, la pobre. Dudo mucho que en toda su vida haya ido a uno.
Celeste se inclinó hacia él, con los ojos brillando de emoción.
—¿Adivina dónde estaba Vanessa? —preguntó con una sonrisa retorcida.
Héctor frunció el ceño, la voz le salió tensa:
—¿Dónde estaba?
—Ese angelito se quedó cuidándote todo ese día y noche. —Celeste se encogió de hombros, como si no fuera la gran cosa—. Terminó tan agotada que se enfermó. Nadie se dio cuenta y pasó dos días tirada en su cama, hasta que Alejandro regresó y por fin la llevaron al hospital. Apenas y se salvó de morir, ¿sabes? —Al recordar aquellos años, Celeste se veía casi satisfecha, como si disfrutara desenterrar viejas heridas—. Qué triste la vida de Vanessa cuando era niña, ¿no crees? A mí solo me da risa.
—Celeste, ¿cómo puedes ser tan cruel? —Héctor la miró horrorizado, la piel se le erizó, sintió un escalofrío que no pudo contener.
Él recordaba perfectamente ese incidente: Vanessa sí había sido llevada de urgencia al hospital. Solo que en aquella época, toda la familia había dicho que fue por andar jugando fuera de casa, que se resfrió y por eso enfermó.

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