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Rosas Renacidas con Espinas romance Capítulo 291

El sol en Santa Rosa del Valle caía a plomo, mucho más intenso que en Nueva Alameda. El calor, que rozaba los cuarenta grados, hacía que el aire hirviera y el suelo quemara. A pesar de eso, cuatro chicas estaban bajo el sol haciendo flexiones, el sudor escurriéndoles por la frente.

De todas, solo Vanessa mantenía la postura perfecta, ni una falla, como si aquello fuera pan comido para ella. Sus movimientos eran tan fluidos y precisos que daba la impresión de que ni siquiera estaba cansada.

Mientras tanto, Nayeli, Violeta y Almudena apenas lograron completar cincuenta flexiones antes de desplomarse en el suelo, jadeando y temblando, sin fuerzas para moverse.

—Dejen de hacerse las muertas, levántense ya —tronó la voz de Ezequías, el instructor, con un dejo de burla en los ojos mientras se acercaba y les daba un leve empujón con el pie—. Si no terminan en el tiempo marcado, les sumo cien más.

En cuanto oyeron eso, las tres chicas hicieron hasta lo imposible por levantarse, temblando, pero volviendo a las flexiones.

No había pasado mucho tiempo cuando Vanessa terminó. Se puso de pie con la frente en alto.

—Reporte, instructor. Ya terminé.

Ezequías se quedó mudo unos segundos. Dirigió la mirada al otro instructor que supervisaba.

—¿Acabó ya?

El compañero asintió sin dudar.

Hacer trescientas flexiones en cinco minutos era una hazaña hasta para los chicos más fuertes. Ezequías apenas pudo tragar su sorpresa.

—Reincorpórate al grupo.

Vanessa volvió a la fila, tranquila. Mientras tanto, pasaron más de veinte minutos hasta que Nayeli y las otras lograron completar su castigo. Regresaron a la formación, casi arrastrando los pies, agotadas y con la respiración desbocada.

Pero ni siquiera les dieron tiempo de tomar agua o recuperar el aliento. Ezequías se llevó el silbato a la boca y sopló con toda su fuerza, el sonido vibró por el campo.

—¡Formen fila!

Todas reaccionaron de inmediato, enderezándose como podían.

Pensaron que por fin el instructor las dejaría respirar, pero Ezequías no había terminado con sus ideas.

—Durante la instrucción no se permite ningún tipo de maquillaje. Cada una va a pasar por su paquete de toallitas desmaquillantes y se va a quitar todo lo que traiga en la cara.

Nayeli, Violeta y Almudena palidecieron de inmediato. Pero después de lo de las flexiones, no se atrevieron a protestar. Obedecieron en silencio, tomaron las toallitas y se limpiaron la cara junto con el resto del grupo.

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