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Rosas Renacidas con Espinas romance Capítulo 315

Tal como Vanessa había sospechado, unos días después Maximiliano publicó una aclaración sobre el fraude en su cuenta de Twitter, y además hizo que un empleado de la empresa se responsabilizara públicamente, asumiendo toda la culpa.

Así, se libró de ir a la cárcel.

Cuando Alejandro se enteró de lo ocurrido con la familia Flores, fue directo a buscarlos. Sin embargo, no pudo entrar al fraccionamiento donde vivían, así que decidió esperar afuera, apostando a la suerte. Pasó toda la tarde y hasta entrada la noche, hasta que finalmente vio que Celeste regresaba.

En ese momento, Celeste venía del brazo izquierdo de Maximiliano y con la derecha sostenía a Isabella. Los tres reían y platicaban animadamente, como si de verdad fueran una familia de toda la vida.

Alejandro se quedó parado, observando cómo su exesposa, Isabella, se ponía de puntitas para darle un beso en la mejilla a Maximiliano.

Y su hija, Celeste, con la cabeza bien en alto, volteaba a ver a Maximiliano y luego a Isabella, mientras se tapaba la cara con las manos, avergonzada.

—Papá, mamá, qué pena, ya dejen de hacer eso.

¿Papá? Celeste le estaba diciendo papá a Maximiliano.

A Alejandro se le hizo un nudo en el estómago. Se le endureció la mirada y fue directo hacia ellos, lanzándole un puñetazo a Maximiliano sin pensarlo.

—¡Maximiliano, eres un maldito! ¡Esa es mi hija! ¿Qué clase de enfermo hace que le diga papá? ¿Qué te traes entre manos? —los ojos de Alejandro estaban tan rojos que parecía a punto de llorar.

Isabella podía hacer lo que quisiera, pero Celeste era su hija de sangre. Aunque ella hubiera decidido quedarse con Isabella, no dejaba de llevar la sangre de la familia Sánchez. ¿Cómo iba Alejandro a renunciar a su hija así nada más?

Sin decir más, Alejandro sujetó a Celeste y la jaló hacia él.

—Celeste, vámonos a casa. Maximiliano es un criminal, un estafador sin escrúpulos. No puedes seguir con él, te va a arruinar la vida.

Maximiliano, con la cara tensa y los dientes apretados, le soltó:

—¿De qué hablas? ¿Quién es un estafador? Todo eso ya se aclaró en internet.

Alejandro soltó una carcajada amarga:

—¿Aclarado? ¿Crees que soy idiota? ¿Piensas que con poner a otro a cargar con la culpa se acaba todo?

Maximiliano solo sonrió con desdén:

—¿Y qué si fue así? Escúchame bien: ahora Celeste es mi hija y no vas a llevártela.

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