Después del duelo entre Vanessa y el instructor durante el entrenamiento militar, su nombre se hizo famoso en toda la Universidad Santa Rosa del Valle.
Al regresar del feriado por el Día de la Independencia, varios estudiantes que habían escuchado sobre las hazañas de Vanessa se aparecieron en la facultad de medicina, curiosos por ver en persona a esa “gran figura”.
A excepción de quienes sabían la historia completa, la mayoría suponía que Vanessa sería una chica ruda y robusta. Pero cuando la veían, se quedaban completamente sorprendidos.
No era para nada una mujer de apariencia fuerte e intimidante, sino una belleza fuera de serie.
En tan solo una semana, Vanessa recibió tantas cartas de amor que su mochila ya no podía con ellas. Su popularidad llegó a tal nivel que incluso opacó a la famosa Sofía, la prodigio de la Universidad Santa Rosa del Valle.
Llegó el viernes por la noche.
La universidad organizó el encuentro de bienvenida para los nuevos estudiantes, conocido como la “fiesta de bienvenida”. El evento se realizaba en el campo deportivo, por lo que cualquier estudiante podía asistir.
Para darles la bienvenida, la universidad preparó varios shows y, de manera muy atenta, ofreció pastel y bocadillos para todos.
Vanessa y sus compañeras de cuarto, aunque no eran muy fanáticas de este tipo de eventos, sí que lo eran de la comida, así que entraron, se sentaron en un rincón alejado y se sirvieron un montón de antojitos, dedicándose a comer con entusiasmo.
No les importaban los rumores ni los comentarios del resto.
La presentadora de la noche era Sofía, estudiante de literatura hispana.
Desde el momento en que entró al lugar, Sofía no le quitó el ojo a Vanessa.
Le lanzó una mirada cargada de desprecio: —Comer, comer y comer, ¿no sabe hacer otra cosa? Come más que un cerdo. Qué inútil.
No lograba entender cómo esa inútil había logrado acercarse tanto al hermano mayor de su amiga. Él siempre era tan reservado con todo el mundo, pero solo con ella se comportaba diferente. ¿Por qué? ¿Solo por tener esa cara de niña buena? Quién sabe cómo será por dentro, seguro es todo lo opuesto a lo que aparenta.
En esta universidad, el evento principal de la fiesta de bienvenida era el tradicional concurso de talentos, donde cualquiera que se sintiera capaz podía subir al escenario a retar al ganador anterior.
Al final de la noche, quien obtuviera más votos se consagraría como el rey o la reina del solo, ganando no solo un premio en efectivo, sino también un lugar directo en el comité estudiantil.
La tentación era grande.
Ya había pasado más de la mitad de la fiesta. En ese momento, dos personas estaban dando un show apasionado en el escenario. Finalmente, una ganó y la otra bajó después de perder, dejando el escenario vacío durante un buen rato.
Fue entonces cuando Sofía subió.

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