Marcelo notó la clara antipatía de Vanessa y se quedó un instante pasmado.
—¿Te caigo tan mal?
Desde la primera vez que la vio, había sentido una hostilidad evidente de su parte, como si le resultara insoportable.
Vanessa asintió, sin el menor intento de disimular.
—Al menos tienes tantita autocrítica. Ya que sabes que me caes mal, mejor ni te me acerques.
Su expresión hablaba de puro rechazo. Ni siquiera intentó fingir cortesía.
La mirada de desprecio de Vanessa volvió a herir a Marcelo. Aun así, contuvo el malestar y preguntó:
—¿Nos conocemos de antes? ¿Te hice algo?
La forma en que la miraba ahora era tan seria, casi preocupada, que resultaba imposible de creer para Vanessa. En la vida pasada, estuvieron juntos diez años y Marcelo jamás se había interesado por ella, ni por nada que le importara. Esa preocupación que mostraba ahora… ni en sueños se la había dado antes.
Vaya ironía.
Vanessa observó cómo él la miraba tan atento y, de repente, le soltó una sonrisa burlona.
—Sí, claro. Somos enemigos de toda la vida. Un odio que no se termina ni en cien años.
Marcelo pensó que estaba bromeando y soltó una carcajada.
—Eres interesante, ¿eh?
Se quedó mirándola, con el corazón acelerado sin poder evitarlo. No sabía por qué, pero esa sensación era nueva para él. Nunca había sentido nada así por ninguna mujer. Nada. Pero ella… desde que la vio, le llamó la atención.
—Hasta creo que me empiezas a gustar.
Vanessa escuchó aquello y solo pudo burlarse en silencio.
Negó con la cabeza, y mirándolo con desdén, le soltó de golpe:
—Lástima que a mí me das mucho asco.
Marcelo siempre había sido el niño mimado, el orgullo del barrio, el tipo al que todos querían parecerse. Nadie le había despreciado jamás, al menos hasta ahora.
Pero como nunca había enfrentado un rechazo real, tampoco creía que Vanessa pudiera marcar la diferencia.
En su cabeza, el rechazo solo existía porque la oferta no era suficiente.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Rosas Renacidas con Espinas