Valeria estaba algo inquieta.
—Señorita Leyva, ¿y ahora qué hacemos? Ninguna tienda quiere vender nuestro producto dermatológico, ahora toda la mercancía está acumulada en la fábrica.
—Tranquila, es algo completamente normal —Vanessa, por su parte, mantenía la calma total, como si este resultado no la sorprendiera en lo más mínimo.
—¿Usted ya lo veía venir? —Valeria, que conocía bien el carácter de su jefa después de tanto tiempo trabajando juntas, al ver lo serena que estaba Vanessa, por fin pudo relajarse un poco.
Vanessa miró a Valeria y le indicó:
—Entrégale a cada artista de Vitalis Synth Entretenimiento que tenga problemas de piel un paquete de nuestros productos. Que lo usen y suban cada día su experiencia a las redes sociales, así serán nuestros embajadores.
A Valeria se le iluminaron los ojos.
—¡Es una gran idea! ¿Cómo pude olvidar que tenemos nuestros propios influencers?
...
Al mismo tiempo, Vanessa decidió llamar a Ximena.
—¡Vane! —Ximena, quien estaba en Nueva Alameda, contestó el teléfono de su mejor amiga con una gran sonrisa.
Vanessa fue directa:
—Ximena, ¿ya probaste el producto dermatológico que te mandé?
Al escuchar la pregunta, Ximena se emocionó de inmediato.
—¡Vane, mi piel está increíble! Se me quitaron todos los granitos, de verdad, tu producto es una maravilla. Ahora tengo la piel tan bien que no me lo creo.
—Qué bueno que te sirvió —Vanessa no pudo evitar sentirse feliz al escuchar semejante reconocimiento de su propia amiga.
De repente, a Ximena se le ocurrió algo y sus ojos brillaron.
—¡Ah, cierto, Vane! Varios compañeros del salón vieron cómo me funcionó y también quieren. Están dispuestos a comprarlo.
Vanessa sonrió divertida.

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