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Rosas Renacidas con Espinas romance Capítulo 335

El instructor miró a los integrantes de la unidad y soltó un grito que resonó en todo el lugar.

—¡Basta, todo el mundo en silencio!

Tras asegurarse de que todos callaran, su tono se volvió mucho más serio.

—Les presento a la Capitana Leyva. Durante este periodo será su instructora y deberán obedecer todas sus órdenes.

Los muchachos, en vez de responder, no podían apartar la mirada del rostro de Vanessa. Nadie soltó palabra; el aire se llenó de una tensión expectante.

El instructor paseó la mirada por el grupo y luego se dirigió a Vanessa con una media sonrisa.

—Señorita Leyva, le dejo a estos chamacos. Son todos suyos.

Sin más, el instructor se marchó, dejando a Vanessa sola frente a los integrantes del Comando Cóndor.

Apenas se fue el instructor, los soldados se relajaron. De inmediato, empezaron a bromear sin el menor filtro.

—Oye, manita, ¿estás segura de que con esos bracitos y esas piernitas vas a poder entrenarnos? ¿O fue esa bola de viejos la que te obligó a venir?

—Manita, llegaste al equipo correcto, porque aquí los muchachos nunca le pegan a una mujer.

Otro soltó con tono burlón:

—Oye, manita, ¿tienes novio? Échame un ojo, ¿qué te parezco?

Vanessa, impasible, no reaccionó ante los comentarios. Pero Ezequías, que escuchó cómo se burlaban de ella, no se aguantó. Sin pensarlo, le dio un patadón al bromista más cercano.

—¿Qué andas diciendo, eh? Ya párale, que te va a ir mal.

En ese instante, Vanessa tomó el silbato que colgaba de su cuello y lo hizo sonar con fuerza.

—¡Todos en fila! Vamos a empezar con una corrida de diez kilómetros cargando peso.

Los soldados abrieron los ojos como platos. Varios se quejaron al mismo tiempo.

—¿Diez kilómetros? ¿Está bromeando? Normalmente corremos cinco, ¡diez es una locura!

Vanessa sonrió de lado, dejando ver una pizca de diversión en su mirada.

—Tranquilos, no se van a morir.

—Pero eso no tiene lógica. Ese método de entrenamiento no sirve para nada.

Vanessa soltó una carcajada seca, con un tono de voz cortante.

—¿Lógica? Aquí no existe la lógica, solo existe superar los límites.

En seguida se subió al auto militar, y lanzó una última advertencia.

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