Al parecer, este tipo sí que sentía algo por ella.
Ezequías, al escuchar lo que Vanessa dijo, se puso como loco y contestó de inmediato:
—¿Qué cosas dices? ¿Cómo crees que yo estaría celoso por ti? Tú le quitaste el novio a Sofía, si acaso, apenas y me aguanto de no odiarte.
Vanessa curvó los labios con una sonrisa ligera y le advirtió con tranquilidad:
—Más te vale que no te enamores de mí, si llegas a hacerlo, te va a ir muy mal.
Ezequías reaccionó como si le hubieran pisado la cola, la cara se le descompuso de pura molestia y replicó:
—No te hagas ideas, yo ya tengo a alguien que me gusta.
Por dentro, Ezequías se repetía a sí mismo: “Ni loco me enamoraría de esta mocosa, la única que me ha gustado siempre es Sofía”.
—Eso está bien —soltó Vanessa con voz serena, y en cuanto terminó, pisó el acelerador.
...
Cuando llevaban ocho kilómetros, ya había algunos rezagados en el grupo.
Uno de los chicos, agotado, decidió rendirse y se dejó caer en el suelo sin fuerzas.
Ezequías miró hacia la camioneta militar que iba adelante y, al ver que Vanessa no los estaba vigilando en ese momento, se acercó y trató de levantar al que estaba tirado.
—Ándale, levántate —le urgió.
El compañero en el suelo, sudando a chorros y tragando saliva, balbuceó:
—Ya no puedo, capitán... de verdad, no aguanto más.
Justo entonces, varios más llegaron rezagados y terminaron igual, sentados y jadeando en el suelo.
—Capitán, yo tampoco puedo, no importa lo que digas, no pienso correr más.
—Esto ya es demasiado, esa chava está loca, nos va a matar.
—¿Y quién se cree esa mocosa? Ni talento tiene, yo no le hago caso.
—¿Por qué ella va sentada y nosotros tenemos que partirnos el lomo corriendo? Que venga y corra con nosotros, a ver si aguanta.
—No le veo nada especial, pero sí tiene ocurrencias para amargarnos la vida. Parece salida del mismísimo infierno, me va a dejar en el hospital.
...

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