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Después de que se filtró todo en Twitter, los internautas conocieron a fondo el pasado de Vanessa, y eso hizo que la quisieran y se encariñaran aún más con ella.
En cuestión de unas horas, el Twitter de Vanessa sumó cientos de miles de seguidores.
Nayeli, Almudena y Violeta también se enteraron de toda la historia de Vanessa por medio de Twitter.
Ahora sí, ya todos entendían por qué hasta los regalos que Vanessa daba “casualmente” eran tan costosos.
Al final de cuentas, era la hija de la familia Leyva de Nueva Alameda, una verdadera heredera de familia poderosa.
Mientras tanto, Sofía estaba en su departamento viendo las noticias en línea, furiosa al máximo.
Desquitó su coraje lanzando y rompiendo todo lo que se le puso enfrente, dejando el lugar hecho un desastre.
Durante todo el día, Sofía no pudo levantar el ánimo.
Marcelo, al llamarla y escuchar la voz apagada de su hermana, entendió de inmediato que algo no andaba bien.
—Sofía, no te pongas así. Hoy en la noche vamos a ir al bar con Ezequías y Martín Linares, ¿por qué no te vienes con nosotros a despejarte un rato?
—Bueno. —Al escuchar los nombres de Ezequías y Martín, la expresión de Sofía mejoró un poco, y sin pensarlo mucho aceptó la invitación.
Al llegar la noche, Marcelo reservó una suite en el bar. Ezequías y Martín llegaron temprano, y se sentaron en un rincón, cada uno con un cigarro en la boca, ambos perdidos en sus pensamientos.
—¿Qué les pasa hoy? Se ven cabizbajos. —Marcelo se les quedó viendo, extrañado por el ánimo de ambos.
Martín, fastidiado, apagó el cigarro con fuerza. Se recargó en el sofá, apretando los dientes de puro coraje.
—Marcelo, ya no sé cómo soltar esto. Cada vez que pienso en ese maldito que me hizo el hazmerreír del grupo, se me revuelven las tripas.
—No tienes idea, hace poco fui a una fiesta y en cuanto llegué, todos esos idiotas empezaron a reírse de mí. Me dieron ganas de explotar.
El asunto de Martín ya lo sabían todos sus amigos, incluido Ezequías.
De hecho, Ezequías estaba de pésimo humor esa noche, pero al ver que Martín se había vuelto el chiste del grupo, su ánimo mejoró un poco.
—¿Te da risa? —Martín le lanzó una mirada fulminante a Ezequías, apenas pudo contenerse de reclamarle. Entonces volteó a ver a Marcelo y le preguntó—: Marcelo, ¿no hay avances con esto? Se supone que la familia Flores siempre está enterada de todo y ni así han dado con el tipo.
La mirada de Marcelo se ensombreció. Bajó los ojos y respondió en voz baja:

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