Antes, siempre era Paloma la que nos daba una paliza en los juegos, ya ni modo, porque su familia antes tenía un casino en el extranjero.
—Pero, Vane, ¿cómo le haces tú para ser tan buena? —Frida estaba tan sorprendida que hasta se le notaba en la cara.
Luego preguntó, curiosa:
—Vane, ¿seguro que nunca has practicado?
Vanessa negó con la cabeza, tranquila.
—Nunca he practicado, pero puedo distinguir los números.
—¿Que puedes saber el número exacto? —Frida se quedó pasmada, sin poder creerlo.
—Sí —asintió Vanessa, tan segura de sí misma que hasta Paloma la miró con más atención.
Paloma tomó el cubilete de dados que tenía enfrente, lo agitó y lo puso sobre la mesa.
—A ver, adivina cuántos salieron.
Vanessa ni lo pensó:
—Dos, cuatro, cinco, seis y seis.
Paloma la miró con una expresión difícil de descifrar, luego destapó el cubilete. Tal como Vanessa había dicho, los números coincidían a la perfección.
Paloma repitió el movimiento varias veces y, una tras otra, Vanessa acertó sin fallar.
Ahora sí, la mirada de Paloma hacia Vanessa cambió completamente.
—Eres muy buena —le reconoció, con un brillo de admiración en la mirada.
Vanessa sonrió de lado, con esa seguridad que la caracterizaba.
—Gracias, tú tampoco eres mala.
Paloma guardó silencio. Sabía que solo podía adivinar si era un número alto o bajo, pero no el número exacto de cada dado. Eso lo tenía muy claro. Vanessa, en cambio, podía decir con precisión el número de cada uno.
—¿Nos hemos visto antes? —preguntó Paloma de repente, mirando a Vanessa como si intentara recordar algo.
La pregunta sorprendió no solo a Vanessa, sino también a Frida.
Frida no pudo contenerse y soltó una carcajada.
—Ay, Paloma, ¿cómo es que ahora sales con esas frases tan típicas? ¿No me digas que quieres ligar a mi Vane?
Paloma le lanzó una mirada de fastidio y se volvió hacia Vanessa, muy seria:
—Es que siento que tu cara me resulta familiar. Siento que ya nos conocimos antes.
Vanessa notó que hablaba en serio, así que pensó un rato, repasando la cara de Paloma en su memoria. Pero no, no le sonaba de nada.
—No, de verdad nunca te he visto antes.
Paloma no le dio más vueltas.

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