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Rosas Renacidas con Espinas romance Capítulo 386

Martín curvó los labios con una sonrisa torcida, su mirada dura se clavó en Océano, que estaba en la pista de al lado. Su voz sonó burlona:

—A mí no me importa si está seguro o no, lo que quiero es ver a ese maldito de Océano perder como nunca.

La última vez que corrieron, Océano se llevó la victoria. Pero esta vez, en el campeonato nacional, Martín estaba decidido a dejarlo mordiendo el polvo.

Uno de los compañeros del equipo, buscando quedar bien con Martín, soltó:

—Tranquilo, Martín, Océano no tiene ni la más mínima oportunidad contra ti.

Justo en ese momento, del otro lado, Océano volteó a ver a Martín. Levantó una ceja y, sin pensarlo, le mostró el dedo del medio.

Después, le dirigió a Martín una mueca y movió los labios en silencio.

Uno del equipo le susurró a Martín:

—Oye, ¿qué fue lo que dijo? Sonó a esos dichos raros...

Martín puso cara de pocos amigos y soltó con fastidio:

—¡Cállense la boca!

Aunque los demás no entendieron bien qué dijo Océano, Martín sí lo captó perfectamente: le estaba diciendo “derrotado”.

Ese desgraciado…

...

Mientras tanto, al otro lado, Océano soltó una carcajada:

—¿Vieron cómo se puso? A ver si no se le atraviesa el coraje y termina todo enfermo.

—¡Ja, ja, ja!— Sus compañeros casi se caen de la risa.

Iker Campos apenas podía respirar de tanto reír.

—No manches, lo tuyo es no tener piedad ni con la lengua.

Océano se encogió de hombros, sonriendo:

—Pues, ¿qué le hago si Martín es un perro rabioso igual que yo?

Iker, sin despegar la mirada de su consola portátil, comentó:

—La última vez que corriste le ganaste a Martín, seguro sigue ardido. Ahora tú solito vienes a participar en este torneo nomás para buscar bronca… Al rato ni se van a poder ver la cara.

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