En ese momento, todos los equipos participantes ya estaban en modo concentración total. Los integrantes se reunían para anticipar las estrategias que podrían enfrentar en el juego y buscar posibles soluciones. El ambiente se sentía tan tenso como si estuvieran a punto de presentar el examen de ingreso universitario.
Sin embargo, el equipo de Vanessa destacaba por completo entre todos. La escena que ofrecían no tenía nada que ver con el resto.
Vanessa estaba sentada en una silla cómoda, disfrutando tranquilamente de algunos bocadillos. Frente a ella había una montaña de golosinas y frutas que David se había encargado de comprarle, había de todo, desde galletas hasta fruta picada.
David, siempre atento, se encontraba a su lado pelando un pomelo y unas mandarinas, quitándoles la cáscara y asegurándose de que quedaran listas para comer.
Después, sacó una pequeña tabla y un cuchillo para fruta, cortó todo en trozos parejos y los acomodó en un plato. Luego, colocó el plato frente a Vanessa y, como buen hermano, la alimentó con sus propias manos.
—Vane, abre la boca.
Vanessa obedeció sin pensarlo, abriendo la boca para recibir el trozo de fruta que le ofrecía con un palillo.
Pero no era solo David quien la consentía. Fausto, Patricio y Vicente también se ocupaban de ella: uno le daba un masaje en los hombros, otro se comportaba como una mamá preocupada preguntándole si tenía frío o si quería agua, y el último hacía payasadas delante de ella, saltando como mono para verla reír.
Comparados con los demás equipos, la atmósfera en el equipo de Vanessa era tan relajada que parecía que estaban en una reunión familiar y no en la antesala de una competencia nacional.
Mientras tanto, Iker observaba todo desde no muy lejos y no pudo evitar reírse ante la escena.
Le dio un leve codazo a Océano y le susurró:
—Mira esa chica.
Océano estaba absorto revisando en su teléfono estrategias de Fuego Latino, pero al escuchar a Iker levantó la vista.
Pensó que Iker se había interesado en la chica, así que la miró con más detalle, aunque solo podía ver su perfil. Aun así, la evaluó con seriedad.
—De perfil se ve increíble, seguro de frente es aún más impresionante. Te entiendo, compa, sí tienes buen ojo.
Iker se quedó callado un momento, luego se encogió de hombros y aclaró:
—No es eso. Lo que quiero que veas es lo relajados que están todos en ese equipo, y cómo esos tipos parecen tratar a esa chica como si fuera una reina.
Océano volvió a mirar. Justo en ese instante, la chica abría la boca mientras el tipo a su lado la alimentaba, y los otros tres seguían con su show personal.
Para Océano, eso parecía sacado de una novela romántica de esas donde cuatro tipos compiten por una chica. Jamás imaginó ver algo así en la vida real.
Desvió la mirada, y con gesto de desprecio, opinó:

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