Océano no le hizo caso a David; en ese momento, sus ojos no se despegaban de Vanessa y le habló con una seriedad que casi cortaba el aire.
—Hermana, de verdad soy tu hermano.
La cara de Océano parecía sacada del mismo molde que la de la tía, no cabía duda: era igualito. Nadie podía negar que compartían sangre.
Océano miraba a Vanessa tan emocionado que casi se le quebraba la voz.
—Hermana, vente conmigo a casa. Si la familia se entera de que sigues viva, se van a volver locos de felicidad.
La expresión de David se endureció cada vez más. Apenas escuchó las palabras de Océano, explotó:
—¿A casa de quién o qué? ¿Estás mal de la cabeza o qué te pasa?
David, furioso, le apuntó con el dedo.
—Te lo advierto: Vane es mi hermana. Si te vuelvo a ver intentando acercarte, no respondo, ¿me oyes?
Apenas había logrado deshacerse de esos dos que decían ser sus hermanos adoptivos, y todavía ni se acostumbraba a ser el hermano oficial de Vane, cuando de la nada aparece otro loco diciendo que también es su hermano. ¡Esto ya era demasiado!
Justo cuando parecía que los dos iban a armar un escándalo, el presentador, temiendo que todo se saliera de control, intervino rápido y trató de calmar los ánimos.
—A ver, tranquilos. Aquí hay mucha gente viendo el concurso. Si tienen algún malentendido, mejor aclárenlo después, ¿sale? Ahora no es el momento.
Océano apretó los labios, conteniéndose. No era el momento para pelear esas cosas.
—Ya nos veremos —lanzó Océano con una mirada que casi le atraviesa la piel a David. Solo entonces se fue con su equipo al área del concurso.
...
Mientras tanto, Vanessa y David tomaron asiento junto con los otros en la zona destinada a los participantes.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Rosas Renacidas con Espinas