Los recuerdos que Martín tanto quería enterrar le atacaron de golpe.
Martín de inmediato puso cara seria; parecía que el coraje lo invadía, y hasta la voz se le alteró:
—Tú... ni se te ocurra mencionar ese asunto.
Para él, aquel episodio era una vergüenza monumental, algo que lo hacía querer tragarse la tierra.
Verlo tan molesto le dio a Vanessa una satisfacción imposible de ocultar. Con una sonrisa traviesa, lanzó el comentario que sabía que lo haría hervir:
—El internet nunca olvida, ¿eh? Y mira, mi boca es mía; si quiero hablar de eso, lo hago.
—Campeón de correr desnudo —remató Vanessa, alzando una ceja y repitiendo el apodo con un tono burlón que no dejaba lugar a dudas de la provocación.
—¡Eres una mocosa insoportable! ¿Quieres que te meta un golpe? —espetó Martín, ya sin poder ocultar la furia, la cara transformada por la rabia.
En el fondo, pensó que si alguna vez encontraba al desgraciado que le había arrancado la ropa ese día y encima lo había golpeado, no lo dejaría irse tan fácil.
—Inténtalo, a ver qué te sale —le lanzó Vanessa, con una mirada helada y sin un gramo de preocupación.
La verdad, ni diez Martín juntos podrían contra ella.
Martín se dio cuenta, una vez más, de que cada vez que se topaba con esa lengua afilada de Vanessa, acababa sin palabras.
Definitivamente, esa mocosa era su némesis.
—Nos vemos en la competencia —gruñó Martín, fulminándola con la mirada antes de girarse y volver a su equipo.
Vanessa no respondió, solo le hizo una seña de despedida moviendo los dedos.
Tan pronto Martín se fue, la expresión de Vanessa cambió por completo. Sus ojos se llenaron de una calma calculadora.
En su vida anterior, lo que más orgulloso hacía sentir a Martín era su talento para los videojuegos. Si la memoria no le fallaba, en esa otra vida fue el equipo de Martín quien ganó el campeonato mundial.
Pero ahora, las cosas eran diferentes. Esta vez, ella estaba en la competencia. Martín no iba a ganar.
La sola idea de ver la cara de Martín al perder la partida la hacía sonreír de emoción. No podía esperar a ver cómo se le desmoronaba el orgullo.
Hoy, Vanessa pensaba dejarle claro que eso de lo que tanto presumía no valía nada.

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