[Aunque sí estuvo medio cruel, la neta es que verlo fue muy satisfactorio.]
[Hay que admitirlo, la capacidad de investigación y contraataque de Fuego Latino está a otro nivel. Se metió solo al territorio enemigo, se enfrentó al jefe de la zona y encima robó todos los recursos. Qué valiente, yo alguna vez quise intentarlo pero no tengo ese nivel; ni bien pisaba el área contraria y ya me daban piso. Ella sí que es la mera mera.]
[Trae todo el talento.]
[¿Acaso quiere dejar en la ruina al equipo número nueve?]
[Oigan, ¿y el equipo nueve qué onda? Parecen bots, les destruyeron todos los recursos y nadie se dio cuenta.]
...
La cámara cambió de ángulo y ahora mostraba al equipo nueve. Martín y Nahuel ya habían recorrido varios almacenes sin encontrar ni un solo recurso. Más raro todavía, en todo ese camino ni se toparon con un solo jefe de la zona.
A Nahuel se le revolvían las tripas de puro mal presentimiento. Al rato, no aguantó más y preguntó:
—Martín, te juro que siento esto muy raro... ¿cómo es que no nos hemos topado con ningún jefe en toda la ruta?
El gesto de Martín era peor que si le hubieran pateado el orgullo. Tenía un presentimiento, pero no terminaba de creérselo. En vez de responderle a Nahuel, se apresuró a preguntarles a los otros tres del equipo:
—¿Ustedes tienen suficientes recursos o qué onda?
Uno tras otro, los tres contestaron:
—Ni me recuerdes, no tenemos ni una pistola decente, lo único que cargo es una resortera.
—Y no hemos visto ni la sombra de un jefe en todo el trayecto.
—Si no supiera que es imposible, pensaría que alguien del otro lado se metió a nuestro equipo.
A Martín cada vez se le notaba más la desesperación. Llevaba años jugando y jamás le había tocado algo tan complicado.
En su cabeza, la lógica le gritaba que era imposible que alguien contrario se metiera tan rápido a su zona, y menos con tantos jefes cuidando el área. Por más que quisiera negarlo, los hechos hablaban solos: todos los recursos del equipo y los jefes que los protegían habían desaparecido como por arte de magia. Ahora, la única explicación lógica era que alguien del equipo rival sí se había infiltrado.

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