Entrar Via

Rosas Renacidas con Espinas romance Capítulo 400

Incluso entre hermanos de sangre, lo que hoy parece una relación de confianza puede desmoronarse en cuestión de segundos por culpa del dinero o los intereses. Cosas así eran pan de cada día en su círculo; Emilio ya se había acostumbrado a ver traiciones de ese estilo.

Por eso, el Grupo Leyva tenía que ser para Vane, aunque ella no quisiera. Él lucharía por ella, sin importar qué.

—¿Los abuelos todavía no lo saben, verdad? —Vanessa guardó silencio un momento antes de preguntar de nuevo.

Ahora su mayor preocupación era que Emilio terminara regañado por culpa de esto.

Emilio asintió despacio.

—Buscaré el momento para contárselos. La verdad es que nunca pensé ocultarles nada, pero estos últimos seis meses he estado tan metido con la expansión de la empresa que no he encontrado tiempo para hablarlo con la familia Leyva.

Viendo la inquietud en el rostro de Vanessa, Emilio tomó aire y le aseguró con toda la seriedad posible:

—No te preocupes, hija, te lo prometo: el Grupo Leyva será tuyo sí o sí.

—Emilio, eres muy bueno conmigo —dijo Vanessa con una sonrisa genuina que le iluminó los ojos, y su voz se volvió mucho más suave.

Antes, cuando vivía con los Sánchez, aunque a ella ni le interesaba la empresa y nunca anduvo compitiendo con nadie, Alejandro siempre la veía como una posible amenaza, temiendo que le quitara algo a Celeste.

Pero ahora, Emilio parecía más preocupado por proteger sus intereses que por los de cualquier otro en la familia Leyva. Había decidido transferirle todas las acciones de la empresa, sin dudarlo. Ese tipo de favoritismo era imposible que no le tocara el corazón a Vanessa.

Era como dice el dicho: los padres que aman a sus hijos siempre piensan a futuro por ellos.

Si no hubiera sido por la conversación de hoy, Vanessa tal vez jamás se habría enterado de que Emilio le había dejado todas las acciones del Grupo Leyva.

Viendo a su hija con esa expresión entre sorprendida y distraída, Emilio no se aguantó y le revolvió el cabello con cariño.

—Eres mi hija, y es mi deber cuidarte.

Después de un rato, Emilio agregó:

—Vane, te lo prometo, solo vas a ser tú mi hija.

Vanessa tenía sus dudas sobre si Emilio podría mantener esa promesa, pero igual asintió.

—Entonces, ¿me darías la oportunidad de ser tu papá? —preguntó Emilio, como quien pide permiso con mucha cautela.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Rosas Renacidas con Espinas