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Rosas Renacidas con Espinas romance Capítulo 406

Pero al pensar en lo que había pasado últimamente, una sombra de dolor cruzó por sus ojos.

Si otra persona le hubiera preguntado, quizá habría intentado hacerse el fuerte. Pero con Vanessa sentada frente a él, sintió unas ganas inexplicables de abrirse y contarle lo que llevaba dentro.

—Hace poco, uno de mis compañeros de equipo murió. Todo el grupo anda cabizbajo, y para colmo, perdimos feo la práctica de hace unos días.

Vanessa se estremeció apenas escuchó la palabra “murió”. En su mirada también apareció una pizca de tristeza.

En el ejército, no hay nada que duela más ni dé tanto miedo como perder a un compañero de batalla.

Vanessa apretó los labios, respiró hondo y le habló con un tono que no admitía dudas:

—La primera lección de un militar de verdad es aprender a aceptar la muerte. Que un compañero muera es terrible, sí, pero lo peor es no poder aceptar esa verdad.

—Si se dejan atrapar por la tristeza y no lo superan, lo que les espera son derrotas tras derrotas… y más compañeros perdiendo la vida.

Vanessa mostraba una calma que asustaba. Ezequías la miró y, por primera vez, sintió en ella ese temple y serenidad que no parecía de alguien de su edad, como si la muerte fuera algo que ya había visto demasiadas veces.

—He intentado convencerme… pero no puedo, de verdad. —Ezequías bajó la mirada, y el dolor se le notaba incluso al hablar.

Vanessa lo observó unos segundos, después le respondió con seriedad:

—Cuando pierdes a alguien de tu grupo, es normal sentir miedo o dudar de ti mismo. Pero justo en ese momento tienes que preguntarte si vas a poder vencer ese miedo, si de verdad quieres ser un soldado, alguien que un día pueda salir al campo de batalla.

Aunque Vanessa no soportaba del todo a Ezequías, no podía negar que era un gran militar. Si lo pulían, tal vez llegaría a ser un comandante de primera, alguien que aportaría mucho al país.

A ese tipo de héroes que pueden hacer la diferencia por la nación, Vanessa nunca les negaría un consejo.

Además, siempre supo separar lo personal de lo importante. Cuando se trataba del país, sus problemas quedaban en segundo plano.

Ezequías se quedó sorprendido con lo que escuchó. Luego, sus ojos se iluminaron, como si acabara de despertar.

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