El policía soltó una risa desdeñosa.
—¿Y entonces por qué le compraste toallas femeninas a la otra? ¿Por qué tan servicial, eh? Hasta un ciego notaría que está fingiendo, pero según tú, ni cuenta te diste. ¿A poco crees que alguien va a tragarse ese cuento?
Ezequías estaba a punto de explicar, pero Marcelo no aguantó más y azotó la mesa con la mano.
—¿A quién diablos le estás diciendo la otra, eh?
El coraje se le notaba en la cara, fulminando con la mirada a los dos policías, como si fuera a lanzarse sobre ellos en cualquier segundo.
A los oficiales ni les importó la amenaza de Marcelo. Uno de ellos se levantó y lo sujetó con fuerza contra la silla, impidiéndole moverse.
—Tú, como hermano, deberías cuidar a tu hermana —le dijo sin inmutarse—. Este chavo le tiene cariño a la señorita Leyva, pero tu hermana se la pasa molestando y hasta le pide que le compre toallas femeninas. Y sí, puede que el chavo tampoco entienda de límites, pero la verdad, eso no está bien.
El otro policía, que era mayor y bien directo, no se mordió la lengua.
—Eso no es que esté mal, eso es no tener vergüenza, queriendo meterse entre ellos, ¿o qué? ¿No se apena ni poquito?
—De verdad, no entiendo cómo educan en su casa. Si fuera mi hija, mínimo la sentaba a platicar serio y le enseñaba lo que es la decencia.
—¡Cállense! —Marcelo ya estaba al borde, les gritó con un tono seco y la cara desencajada.
Los policías se miraron entre sí, notando que el chavo tenía el carácter a flor de piel, así que decidieron dejar de provocar y mejor se enfocaron de nuevo en el video de la cámara.
...
En la grabación, ya solo quedaban Vanessa y Sofía en el salón privado.
Sofía, con los brazos cruzados, se acercó a Vanessa.
—¿Ya viste? Desde niñas, Ezequías siempre me ha consentido. Hasta en eso, me compra toallas femeninas sin chistar.
Vanessa la miró con cara de desaprobación.
—Pues sí que te falta dignidad, ¿no? No solo le pides eso, hasta presumes.
Sofía se atragantó de rabia.
—¡Tú eres la que no tiene dignidad! Si no fuera porque usaste tus trucos baratos para atrapar a Ezequías, él ni te voltearía a ver.

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