Vanessa fue el nombre que Aurora eligió para su hija desde el principio.
Incluso antes de que naciera, Aurora ya tenía claro que llamaría Vanessa a su pequeña.
El día que nació su hija, Aurora personalmente le hizo una medalla de la suerte, y grabó con sus propias manos el nombre Vanessa en el colgante, como símbolo de su amor incondicional.
Pero aquella vez, cuando perdió a su hija, también se extravió esa medalla.
Aurora comenzó a sentir una mezcla de nerviosismo y emoción. Miró fijamente a Paloma, y su voz se volvió más seria:
—Mándame la información de ella.
Paloma había estado esperando justo eso, y no pudo evitar que una chispa de alegría le llenara el pecho.
—Tía, ya te la mandé hace tiempo, solo que nunca la viste.
Por un momento, Aurora se quedó callada. Luego, disimulando, abrió el chat entre las dos. Y sí, ahí estaba: los datos de Vanessa.
Sin pensarlo dos veces, Aurora tocó el archivo. Ni siquiera había bajado por la pantalla cuando la foto de la chica la atrapó de inmediato.
En la imagen, la joven lucía una coleta alta y el brillo de la juventud en el rostro.
La mirada de Aurora se quedó clavada en la cara de la muchacha.
Ese rostro, esos rasgos... eran demasiado parecidos a los suyos.
Solo de mirar esa imagen, Aurora sintió una calidez en el pecho, una cercanía que jamás había experimentado antes.
Con los ojos humedecidos, le preguntó a Paloma:
—¿Puedo verla? —Aunque sabía que la esperanza podía romperse, no quería quedarse con el arrepentimiento de no intentar.
Al terminar de hablar, Aurora agregó con apuro:
—Quiero verla ahora. —La intuición le gritaba que esa chica era su propia hija.
—Creo que no va a ser tan fácil —dijo Paloma, poniéndose de pie y mirando a Aurora con algo de duda.
Empezó a explicar:
—A Vane la conocí por Frida. La vez pasada, cuando nos vimos, parece que notó que yo quería conseguir una muestra de su ADN, y desde entonces, cada vez que le pido a Frida que la invite, ella no acepta.
—Todo esto es culpa mía —añadió Paloma, lamentándose de su torpeza—. Si no me hubiera precipitado, no la habría asustado.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Rosas Renacidas con Espinas