En ese momento, todos los que, igual que Ricardo, estaban esperando ver a Vanessa hacer el ridículo, se quedaron callados de golpe.
Aunque Vitalis Synth todavía no superaba al Grupo Flores, a juzgar por el ritmo en que se estaba expandiendo, era cuestión de tiempo para que lo hiciera.
Todos querían quedar bien con Vitalis Synth, buscando sacar su tajada, y nadie estaba dispuesto a enemistarse con Vanessa.
Fue ahí cuando algunos de los que antes apoyaban a Ricardo empezaron a acercarse a Vanessa para disculparse. Claro, había otros que estaban atados a Ricardo por conveniencia, así que siguieron de su lado.
—Perdón, señorita Leyva, la neta es que no supimos ver a quién teníamos enfrente.
—Sí, fue nuestra falta de experiencia. Ojalá nos pueda perdonar, señorita Leyva.
—Señorita Leyva, si algún día necesita algo, cuente conmigo. Yo iré a donde usted diga.
—Señorita Leyva, por favor no se enoje con nosotros. La verdad es que estábamos confundidos, por eso la malinterpretamos.
Mientras seguían hablando, uno que otro ya ni se molestaba en disimular y se ofrecía sin pena:
—Señorita Leyva, en mi familia tenemos una farmacéutica, ¿por qué no nos da una oportunidad? Le aseguro que si hace negocios con nosotros no se va a arrepentir.
—Señor Emilio, mi familia maneja una empresa de tecnología, ¿por qué no se asocian con nosotros? Podemos ofrecerle mejores condiciones.
—Señor Emilio, no les haga caso a ellos, mejor vea nuestra empresa, seguro le va a gustar más.
...
Los empresarios que antes trataban a Vanessa con desprecio, ahora hasta se encorvaban y bajaban la cabeza frente a ella, tratando de ser lo más respetuosos posible. Su actitud había dado un giro total, como si fueran otras personas.
Emilio los observaba y no pudo evitar soltar una risa cargada de ironía.
—No tienen vergüenza, ¿eh? Ya están grandes, ¿por qué no se respetan tantito?

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