En ese momento, el corazón de Aurora era un torbellino. Por un lado, sentía un orgullo enorme por lo increíble que era su hija, pero por el otro, no podía evitar preocuparse ante la idea de que Vanessa ya no la necesitara.
—Vane —Aurora dudó un instante, pero al final decidió llamar a su hija.
Al escucharla, tanto Vanessa como Emilio se detuvieron al mismo tiempo.
Emilio reconoció de inmediato a la mujer que había defendido a Vanessa durante la fiesta. Con cortesía, le hizo una ligera inclinación de cabeza.
—Gracias por haber apoyado a mi hija hace rato.
Aurora respondió casi de manera automática:
—No tienes nada que agradecer. —Sin embargo, sus ojos se quedaron fijos en Vanessa, como si todo lo demás dejara de existir.
A pesar de la mirada insistente de Aurora, Vanessa solo la contempló sin decir palabra.
Aurora sintió una punzada incómoda en el pecho. Presionó los labios, con mil cosas pasando por su mente, pero sin saber cómo empezar. Al final, lo único que fue capaz de soltar, cargado de culpa, fue:
—Vane, perdóname. —Sabía que había fallado como madre, permitiendo que su hija viviera tantos años lejos de ella.
Vanessa estaba a punto de contestar, pero al levantar la vista, notó las ojeras marcadas en el rostro de Aurora y la expresión de agotamiento imposible de ocultar. Era evidente que llevaba mucho tiempo sin descansar bien.
¿Sería por su culpa?
Parecía que Aurora sí se preocupaba por ella.
El corazón de Vanessa tembló sin quererlo.
Apretó los labios, obligándose a no dejarse llevar por la compasión, pero cuando habló, su voz sonó mucho más suave de lo que pretendía:
—No tienes que disculparte. Ya te lo dije, no quiero que sigas buscándome.
El rostro de Aurora palideció y un destello de tristeza cruzó por sus ojos. No quería convertirse en alguien molesto para su hija, así que, aguantando el dolor, le sonrió, aunque la mueca se parecía más a una expresión de derrota que a una verdadera sonrisa.
—Está bien, haré lo que digas.
Vanessa había investigado antes sobre Aurora: una empresaria de peso en el mundo de los negocios, la líder de la familia Vera, alguien admirable.
Pero ahora, al ver a esa mujer poderosa con la cabeza baja, tan sumisa y vulnerable, Vanessa sintió una molestia inexplicable. Según ella, Aurora no debería estar así. Era una persona que debía irradiar confianza, no dejarse arrastrar por lo que ella dijera.

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