Aurora abrió los ojos de par en par y clavó la mirada en Emilio. Antes de que pudiera reaccionar, Emilio soltó:
—Aurora, ¿no irás a creer que todos estos años Vane vivió como una princesa solo por ser la hija adoptiva de los Sánchez, verdad?
El corazón de Aurora se hundió de golpe.
¿Acaso no era así?
Al escuchar aquellas palabras, una idea oscura empezó a germinar en su mente, aunque le daba miedo siquiera considerarla.
Emilio, viendo el rostro de Aurora, soltó una risa amarga.
—Todos estos años, Vane vivió un infierno bajo el techo de los Sánchez. Para ella, cada día era una tortura —aventó con voz dura.
—¿A poco no sabías? A los once años, los Sánchez la mandaron a la Isla de la Serpiente Dorada.
Tan solo recordar eso le partía el alma a Emilio.
En sus sueños, revivía una y otra vez las escenas de su hija sufriendo, sometida a todo tipo de crueldades. El odio le recorría el cuerpo, deseando poder vengarse de todos los responsables.
Aurora abrió los ojos todavía más, una sombra oscura nubló su mirada. Temblando, preguntó:
—¿Los Sánchez… mandaron a Vane a la Isla de la Serpiente Dorada?
Su voz apenas era un susurro entrecortado.
—¿Cómo se atrevieron esos desgraciados? —pronunció con rabia, y sus ojos se tornaron rojizos de puro coraje.
Ella sabía perfectamente lo que significaba ese lugar: cualquiera que entraba ahí no salía con vida.
Años atrás, Aurora había visto en las noticias cómo alguien denunciaba que su familiar había sido secuestrado por gente de la Isla de la Serpiente Dorada. Por negarse a colaborar, lo habían dejado en un estado tan inhumano que solo le reconocían la cabeza. Las imágenes la habían dejado marcada para siempre, tan sangrientas que las pesadillas aún la perseguían.
Cuando Emilio se enteró que Vane había sido enviada a ese lugar, también se derrumbó. Mirando a Aurora, continuó:
—Al principio, Alejandro trató bien a Vane cuando la adoptó, pero todo cambió un año después, cuando llegó a la casa con una mujer y un niño. Desde ese momento, Vane pasó a ser invisible, la acusaban de cosas que no hacía y hasta la dejaban sin comer. Pero aun así, Vane seguía esperando algo bueno de Alejandro… hasta que se cansó de esperar y perdió toda esperanza.

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