Aurora le pidió a Marcos que investigara sobre la Isla de la Serpiente Dorada, pero él no consiguió absolutamente nada.
Ella ni siquiera se atrevía a imaginar cómo había logrado su hija salir con vida de esa isla devoradora de personas, luchando por sobrevivir.
Aurora llevaba varios días sin poder dormir. Cada vez que cerraba los ojos, su mente la arrastraba a pensar en la vida de Vane en la Isla de la Serpiente Dorada, y hasta podía escuchar, como un eco lejano, los gritos desesperados y las súplicas angustiadas de su hija.
...
En la casa de los Vera.
Ese día, Paloma y Océano, los hermanos, habían ido a visitar a los señores Vera. Los cuatro estaban sentados a la mesa, compartiendo la comida.
Martina, anticipando la visita, había preparado varios platillos adicionales, todos los favoritos de los hermanos.
Mientras Océano devoraba su plato, no se olvidó de elogiarla:
—Martina, este pollo al horno te quedó increíble, neta que está para chuparse los dedos.
No hay nada que haga más feliz a alguien que ver que su esfuerzo es reconocido.
Martina, con una sonrisa tan grande que apenas podía ocultarla, respondió entre risas:
—Ay, chiquillo, qué manera de endulzarme el oído tienes, ¿eh?
En ese momento, Marisol intervino de repente:
—Martina, me dijeron que fuiste hace poco a la nueva casa de Aurora. ¿Cómo está ella últimamente?
Al hacer cuentas, Aurora llevaba ya más de un mes sin regresar a la casa. Marisol, como madre, sentía la ausencia de su hija con fuerza.
Apenas terminó de hablar, Gonzalo también miró a Martina:
—Sí, cuéntanos, ¿esa niña está comiendo bien? ¿Duerme tranquila? ¿No se la pasa desvelándose?
Los señores Vera eran famosos por consentir a su hija; lo que más los inquietaba en la vida era Aurora.
Martina, sin perder la sonrisa, trató de tranquilizarlos:
—No se preocupen, la señorita está muy bien. Ese día incluso se animó a cocinar conmigo. La vi de muy buen ánimo.
Marisol no pudo ocultar su sorpresa:
—¿Cocinar? ¿Mi Aurora? ¡Si siempre ha odiado el humo de la cocina!
No solo Marisol, hasta Gonzalo y los hermanos Paloma y Océano se quedaron atónitos.
Todos dejaron de comer al mismo tiempo.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Rosas Renacidas con Espinas