Ramiro jamás imaginó que ella fuera a tocarlo de repente. Su cara se puso como jitomate de la vergüenza, y al sentir la frialdad en la punta de sus dedos, fue como si una corriente eléctrica le recorriera la piel. Todo su cuerpo tembló, incluso el corazón se le desbocó, saltándose varios latidos.
Justo cuando pensaba que Vanessa aceptaba lo que estaba por pasar, la escuchó decir con ese tono indiferente:
—Salte.
En cuanto terminó de hablar, Vanessa, sin mostrar emoción alguna, tomó la bata que estaba en la cama y se la lanzó.
—Señorita Emilio...
Ramiro recibió la bata, presionando los labios, pálido como papel. No podía creer que, después de todo, ella lo iba a rechazar.
Hasta hace un momento, él pensaba que sí quería.
Recordó las palabras de Mauricio Barragán y la desesperación le apretó el pecho. Mirando a Vanessa, se la jugó:
—Por favor, señorita Emilio, le ruego que me ayude. Si hoy no consigo ese contrato...
No alcanzó a terminar la frase; Vanessa lo interrumpió de inmediato:
—Vitalis Synth no es una fundación de caridad. El Grupo Barragán, siendo una empresa sin escrúpulos, no merece que yo trabaje con ellos.
Se notaba que comenzaba a perder la paciencia.
—Salte.
A Ramiro se le fue el color de la cara y, al final, no se atrevió a decir nada más.
Mauricio Barragán le daba miedo, sí, pero la señorita Emilio tampoco era alguien con quien meterse. Aunque era joven, había levantado Vitalis Synth desde cero a pura fuerza de voluntad. Eso no se podía tomar a la ligera.
...
Ramiro salió de la suite y, luego de cambiarse de ropa, se dispuso a irse del hotel.
Pero al llegar a la puerta, se topó con un grupo que le cerró el paso.
El que iba al frente, Pedro, apenas lo reconoció, se le iluminaron los ojos.
—Ramiro, Ramiro, ¿no que tu familia ya está en la quiebra? ¿Qué haces por aquí?
Uno de los que lo acompañaban soltó una risa burlona.
—¿No será que vino a acompañar a alguna doña rica?
Diciendo eso, el tipo se le acercó a Pedro y, cuchicheando, pero lo bastante alto para que todos oyeran, agregó:
—Señor Adrián, a mí me contaron que la familia Sánchez está tan endeudada que ya ni tienen con qué pagarle a los prestamistas. Hasta dicen que Ramiro anda vendiéndose para poder ayudar a sus papás.

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