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Rosas Renacidas con Espinas romance Capítulo 503

Todos abrieron los ojos como platos, mirando varias veces la pantalla del celular de Vanessa.

El portal oficial de medicina más importante del mundo era el sitio con mayor autoridad internacional. Tenía una sección exclusiva para los investigadores médicos de más alto nivel de cada país, y para evitar fraudes, requería reconocimiento facial al ingresar, así que era imposible que algún vivillo se colara hackeando la contraseña.

Vanessa, sin titubear, accedió frente a todos con naturalidad. Fue suficiente para dejar a todos boquiabiertos. En ese instante, nadie se atrevió ni a respirar, y las miradas que le lanzaban mezclaban asombro, respeto, admiración, incluso arrepentimiento… pero ni uno solo se atrevió a dudar de ella.

Después de todo, ¡ella era investigadora de primer nivel en el portal médico más prestigioso del mundo! Olvidando por un momento la legendaria Píldora de Vida que ella misma había desarrollado, cualquier otro logro suyo sería suficiente para estremecer a toda la comunidad médica internacional.

Era la presidenta de Vitalis Synth, la mayor investigadora del portal oficial de medicina. Cualquiera de estos títulos ya era para caerse de espaldas.

Nadie en su sano juicio querría meterse con alguien así.

—¡Por Dios! ¿Qué fue lo que acabamos de decirle? —pensaron varios, tragando saliva.

Quienes antes defendieron a Celeste ya sentían cómo el remordimiento les retorcía el estómago.

En ese momento, el testigo que tenía la Píldora de Vida en la mano salió de entre la multitud. Lanzó una mirada de asco a Celeste y luego, con una sonrisa servil, le asintió a Vanessa. Después alzó la voz para que todos escucharan.

—La neta, me equivoqué feo. Aquí y ahora le ofrezco una disculpa sincera a la señorita Leyva. Ella tenía razón desde el principio: Celeste es una ladrona.

En cuanto el hombre habló, los demás empezaron a sumarse, cambiando de bando en un abrir y cerrar de ojos.

—Así es, en el informe está clarísimo: la experta detrás de la Píldora de Vida es la señorita Leyva. Además, ella tiene el registro de las cantidades, y ahí dice que justo el veinticinco de octubre se entregó esa Píldora de Vida.

—Obvio, Celeste la robó. Si no, ¿cómo es que la Píldora que regalaron acabó en sus manos?

—Discúlpenos, señorita Leyva… la regamos feo con usted. No nos lo tome en cuenta, por favor.

—Señorita Leyva, de verdad mil disculpas. Yo personalmente iré a ofrecerle una disculpa formal.

—Perdón, señorita Leyva, la ofendimos sin querer. Ojalá nos pueda perdonar.

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