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Secreto de mi esposo ciego romance Capítulo 197

Camila inhaló profundo.

—Luci está perfectamente. Pero yo no.

Mientras Dámaso le aplicaba desinfectante en la herida, frunció las cejas.

—¿Qué te pasa? —«La ayudé a arreglar los problemas en su ciudad natal. ¿Me he perdido algo?».

—Mi propio marido... me ha estado engañando. —Dejó escapar un suspiro y miró al techo con los ojos llenos de lágrimas.

En cuanto terminó la frase, ya no pudo contener las lágrimas. Aun así, levantó la cabeza para evitar que le cayeran por la cara. Los movimientos de Dámaso se congelaron al escuchar aquello. Levantó la vista y se encontró con sus ojos llenos de lágrimas. Los sintió como fragmentos que le atravesaban el corazón.

—¿Tú... ya lo sabías todo?

Sólo se le ocurría una razón para que ella reaccionara así.

Al final, Camila se derrumbó ante él, con la mirada llena de lágrimas clavada en su rostro mientras lloraba:

—Dámaso, una vez me dijiste que lo más importante en una relación es la confianza. Confié en ti toda mi vida y te mostré mi vulnerabilidad. ¿Y tú? —Ella resopló y le apartó la mano—. Ni siquiera me has dicho la verdad sobre ti. Entiendo que tengas tus razones para fingir ceguera, pero ¿por qué no me lo dijiste? Es porque no soy lo ya bastante importante para ti, ¿no?

Su voz, llena de desesperación y angustia, tembló y se quebró al final. En ese momento, apareció en su mente cómo Violeta se regodeaba en el Palacio Vionadio.

«Ya lo creo. Ella es la que mejor le conoce, mientras que yo no soy nada para él».

—Cami, planeaba decirte la verdad esta noche. —«Le pedí expresamente a Hernández que se encargara de que todo el mundo saliera antes para decirle la verdad. Sin embargo, parece ser demasiado tarde».

—No. Escucha, Cami. No es así. —La abrazó con fuerza y le estampó un cariñoso beso en las orejas—. Tengo razones para hacer esto, y no es para engañarte. Llevo trece años fingiendo ser ciego, incluso antes de casarnos. No podía revelártelo todo nada más conocernos.

Camila cerró los ojos, decepcionada.

—En definitiva, no confías en mí lo suficiente. —Intentó quitarle las manos de encima—. El otro día, Violeta me dijo que te conoce mejor que yo, incluso me preguntó si sabía la verdad sobre tu vista. Pensé que estaba sembrando la discordia entre nosotros a propósito. ¡Sólo ahora me doy cuenta de que ha estado presumiendo delante de mí! ¡Soy tu esposa, pero ella te conoce mejor! Ya que estás tan unido a ella, ¿por qué no te casaste con ella?

Engañarla no era del todo imperdonable. Sin embargo, se convirtió en una cuestión diferente cuando Violeta, que con frecuencia no estaba cerca de él, lo sabía todo. Camila siempre se había enorgullecido de ser la persona que más le comprendía y confiaba en él. Sin embargo, siempre había tenido la falsa impresión de que era ciego.

Esa misma tarde, se alegró mucho ante la perspectiva de una cura para su vista. Cuanto más pensaba en ello, más profundo era su resentimiento. No pudo contener el torrente de lágrimas que brotó de sus ojos.

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