Dámaso entornó los ojos y envió la ubicación de la biblioteca a Leonardo.
—El novio de Luci la está esperando allí. Deberías llevarla allí de inmediato para que prosigan con su cita.
Tring...
Sonó el teléfono sobre la mesa.
En ese momento, Leonardo había atrapado a Luci contra la pared de una lujosa habitación de hotel. La dejó en el suelo y tomó el teléfono.
¡Bam!
El teléfono golpeó con fuerza contra el suelo.
«¿Quieres que la envíe a una cita con ese hombre? ¡No puede ser!».
—¿Estará bien? —Camila miró el mensaje que Dámaso había enviado—. Maridito, ¿estás seguro... de que Leonardo la llevará allí?
—No tiene derecho a negarse. —Dámaso estrechó a Camila entre sus brazos. Le besó con suavidad la frente—. Deja que resuelvan su problema.
Su beso se hizo persistente y atrevido.
—El hospital envió el informe del chequeo médico. Tu cuerpo... —Se acercó más y sujetó con suavidad el lóbulo de su oreja entre sus labios—. Tu cuerpo está preparado para aceptarme.
La voz de Dámaso y su singular aroma masculino la asaltaron.
—Vamos a...
Su tono sugerente y sus caricias ahuyentaron todos los pensamientos de la mente de Camila.
Ella miró su apuesto rostro aturdida y por instinto trató de esconderse.
—Maridito, yo...
—Querida, no te muevas. —Dámaso la besó—. ¿Recuerdas la promesa que me hiciste? Dijiste que querías que lo hiciera en casa.
Su voz profunda se volvió ronca por el deseo.
—Dijiste que, si no me gustaba el dormitorio, podíamos probar el estudio y el salón.
La cara de Camila enrojeció.
«¿Puedo decir que me arrepiento de haberlo dicho?».
Sin embargo, Camila sí había dicho esas palabras.
Las lágrimas brotaron de los ojos de Camila. Las cosas se estaban poniendo demasiado intensas para ella.
Dámaso ordenó a todos los criados de la casa que se marcharan ese día.
Antes de marcharse, los criados cerraron las cortinas y encendieron todas las luces de la habitación.
Además, los guardias vigilaban el exterior de la villa para impedir que alguien se acercara a ella.
Camila y Dámaso apagaron todos sus dispositivos de comunicación.
De repente, la villa se convirtió en una fortaleza segura.
Era una fortaleza de la que Camila no tenía ninguna esperanza de escapar.
No tuvo más remedio que aceptar su implacable afecto.
Su forma de hacer el amor era, a veces, suave, áspera o vigorosa. Sin embargo, siempre la dejaba mareada.
Empezaron en el estudio antes de pasar al pasillo. Después, lo hicieron en el sofá bajo la araña de cristal del salón. También probaron en la cocina e incluso... en la escalera.
La mente de Camila se quedó en blanco y su cuerpo se quedó sin energía.

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