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Secreto de mi esposo ciego romance Capítulo 399

Mabel no perdía el tiempo en conversaciones triviales con Camila.

—Sabes, Manuela me ha tachado de pervertida por usar un doble para seducir a mi propio hermano. Pero para mí, no es perversión; en mi opinión, es aprovechar una oportunidad.

—Manuela y Dámaso, eran como mis protegidos. En especial Manuela. Yo la formé y le enseñé todo lo que sabe. Si sigue el plan, dominará la alta sociedad de Adamania, como yo solía hacer. Por desgracia...

—Eso no tiene nada de desafortunado —Camila frunció los labios—. Manuela es una persona independiente con sus propios pensamientos. No puedes imponerle tus ideas. Tiene derecho a vivir la vida en sus propios términos.

—¡Jajaja! La misma excusa de siempre. —Mabel dejó escapar una risa amarga—. Tienes toda la razón. Puede hacer lo que le plazca, igual que tú y Dámaso.

—¿Qué hay de mí, entonces? —La voz de Mabel se volvió airada y áspera. Extendió su mano desfigurada y llena de cicatrices, señalando su rostro arruinado—. ¿He podido elegir? ¿Qué me queda?

Camila se mordió el labio, mirando el horrible espectáculo que tenía delante, con la mano apretada.

—Me solidarizo con lo que has pasado, pero no puedes cargar a otra persona con tu desgracia. La persona que provocó el incendio hace trece años tiene la culpa. No arruines la oportunidad de Manuela de ser feliz.

Mabel se mofó:

—¿Quieres decir que debo vengarme de la persona que provocó aquel incendio y destruyó mi vida?

—El Eulalio que te crio. —El rostro de Mabel adquirió un cariz más siniestro mientras sonreía—. ¿Recuerdas hace trece años cuando caíste enferma de gravedad y casi no sobreviviste? ¿Y Eulalio llegó de repente a casa con veinte mil para que te trataran? —La mirada de Mabel se tornó poco a poco salvaje y desquiciada—. ¿Sabes cómo llegaron esos veinte mil? Fue el precio por quemar mi casa.

La voz de la mujer era ronca e inquietante. Y cada palabra que pronunciaba golpeaba a Camila hasta la médula.

—Ese día era el cumpleaños de Dámaso. Puedes verificarlo con el hospital; el día que enfermaste era el cumpleaños de Dámaso. Esos criminales lo tenían todo planeado. Sabían que yo volvería para el cumpleaños de Dámaso, y estaban seguros de que mi hermano no encendería las luces hasta que yo llegara, dejándole solo en casa con sus atribulados pensamientos. ¡Tu tío hizo su trabajo sucio quemando nuestra casa y destruyendo nuestras vidas! —Señaló su propio rostro desfigurado en un arrebato de ira—. Eulalio Santana, el hombre que te crió, me convirtió en este monstruo por tu culpa. ¿Con qué derecho crees que puedes casarte con mi hermano?

Camila se desplomó en el sofá y sus miembros se convirtieron en hielo. Se quedó mirando a Mabel, con la mente en blanco. A pesar de las fuertes palabras de Mabel, parecía como si estuvieran a kilómetros de distancia. Siguió mirando fijo, incapaz de encontrar las palabras. Ella... Hace trece años, el día que cayó enferma, era el cumpleaños de Dámaso.

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