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Seduciendo a mi Esposo romance Capítulo 39

Valentina y Alexander entraron al salón donde se llevaría a cabo la subasta y tomaron asiento en los lugares que les habían asignado.

Valentina no podía ocultar su emoción. Finalmente tendría el Corazón Diamante . Disponía de cincuenta millones para pujar, aunque no pensaba llegar a esa cantidad. Su límite era un poco más de veinticinco millones. Además, no haría ninguna oferta por otra joya hasta que el Corazón Diamante fuera suyo.

La subasta dio inicio. Una joya tras otra desfilaba frente a los invitados, deslumbrando a todas las mujeres presentes.

Valentina se mordía los labios. Abría los ojos con sorpresa e incluso se movía inquieta en su asiento mientras admiraba cada pieza. Aun así, nunca levantaba la paleta para pujar.

Alexander la observó de reojo. Parecía ansiosa por participar. Apretaba con fuerza la paleta y no apartaba la vista de las joyas, pero se contenía una y otra vez.

—¿No vas a comprar nada? —Preguntó en voz baja.

—Te dije que hay una joya que quiero en especial. —Respondió sin despegar la mirada del escenario.— No voy a pujar por nada hasta que esa joya sea mía.

Alexander arqueó una ceja. Si Valentina se lo proponía, tenía dinero suficiente para llevarse todas las joyas que estaban siendo subastadas esa noche. Pero, por alguna razón, solo le interesaba una.

—¿Y tú no piensas comprar nada? —Preguntó, girando la cabeza hacia él.

Alexander le había pedido acompañarla a la reunión precisamente por la subasta. Incluso, la invitación había sido parte del trato por los cincuenta millones que le prestó.

—Ninguna pieza ha llamado mi atención. —Respondió con tranquilidad.

Valentina volvió la vista al frente. En ese momento subastaban un brazalete de platino con zafiros incrustados.

—Mira... tiene azul, tu color favorito. —Dijo dándole un ligero codazo, sin apartar la vista del escenario.

Alexander observó el brazalete durante unos segundos. Era una pieza elegante y discreta. Después bajó la mirada hacia la muñeca de Valentina. Se vería perfecto en ella.

—Quinientos mil. —La voz de Miranda se escuchó desde el otro extremo del salón.

Valentina giró la cabeza hacia ella y frunció el ceño. Si el Corazón diamante ya fuera suyo, también compraría ese brazalete sin pensarlo.

—Quinientos mil a la una... quinientos mil a las dos... —Anunció el subastador.

—Dos millones. —La voz de Alexander interrumpió el conteo al mismo tiempo que levantaba la paleta con total calma.

Algunas miradas se desviaron hacia Alexander. Sin embargo, nadie volvió a levantar la paleta y el brazalete terminó siendo suyo.

—Vaya... buena elección. —Susurró Valentina.

—Lo sé. Todo lo que tenga azul me gusta. —Murmuró, mirándola de reojo.

La subasta continuó. Cada vez que una joya llamaba la atención de Valentina, Alexander levantaba la paleta antes que nadie. Curiosamente, también eran las mismas piezas por las que Miranda pujaba, pero siempre terminaba perdiéndolas.

—Me estoy divirtiendo, gracias a ti, cuatro ojos. —Susurró Valentina al ver la expresión de Miranda, que apenas podía ocultar su rabia.

Y, finalmente, llegó el momento más esperado de la noche. El Corazón Diamante sería subastado.

La joya fue colocada dentro de una urna de cristal mientras su imagen aparecía en las pantallas del salón.

—Lo amo... —Susurró Valentina con los ojos iluminados.

Alexander dirigió la mirada hacia el collar. Por fin había llegado la única joya que realmente le interesaba.

—La puja inicia en trece millones. —Anunció el subastador.

Las ofertas comenzaron de inmediato.

—Trece millones quinientos mil.

—Catorce millones.

—Quince millones.

Valentina escuchaba cada oferta con atención. Sujetaba la paleta con fuerza, esperando el momento indicado. En cuanto la puja alcanzara los veinte millones, ofrecería los veinticinco que tenía preparados.

Alexander, por su parte, permanecía en silencio. También esperaba el momento oportuno para levantar su paleta.

—Veinte millones... —Anunció uno de los asistentes.

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