Asintió y miró hacia sus manos, tirando de sus dedos nerviosamente. Sabía que era ahora o nunca; necesitaba hacerle la pregunta que pesaba en mi mente.
—¿Qué exactamente viste antes, Irene? —pregunté—. ¿Dijiste que viste a Judy dispararle?
Asintió y se volteó para verme.
—Lo hizo a propósito.
Suspiré y pasé mis dedos por mi cabello. Conocía a Judy y sabía que nunca lastimaría a Matt, especialmente por despecho.
—Ella no haría eso —murmuré, sacudiendo la cabeza.
Irene cruzó los brazos sobre su pecho y me fulminó con la mirada.
—No se puede confiar en ella, papá —declaró Irene simplemente.
—¿Qué tienes contra Judy?
Parpadeó varias veces como si estuviera tratando de ajustar sus ojos.
—¿Qué? —preguntó.
—Solían ser amigas —le recordé—. Luego descubriste que está apareada con tu prometido. Eso no puede ser todo lo que pasó. ¿Qué tienes contra ella?
—Nunca fue mi amiga —murmuró Irene—. Me mintió y me traicionó.
—Su único crimen fue no decirte la verdad sobre el pasado de ella y Ethan.
—Ella aún lo quiere... —se quejó Irene—. Ethan me dijo que—
—Ethan también te mintió, Irene —le dije firmemente—. Si vas a estar enojada con Judy, entonces deberías estar igual de enojada con él también. No es justo para ella que la trates como si hubiera hecho algo malo. No quería lastimarte, por eso no te dijo. No hay nada más en la historia que eso.
—Voy a dormir ahora. Buenas noches —dijo Irene mientras dejaba el salón.
Agarré mi teléfono y marqué el número de Judy. Fue directo al buzón de voz; eso no me sorprendió. Así que llamé a Leroy en su lugar. Sabía que debía haberla llevado a casa.
—Hola, Alfa —me saludó Leroy del otro lado.
—Leroy —respondí—. ¿Judy llegó a casa?
—Sí —dijo Leroy—. Pero luego se fue otra vez.
—¿Qué quieres decir con que se fue? —pregunté, mi lobo oficialmente en alerta otra vez.
—Quiero decir que se subió a otro auto, y se fue.

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