Punto de Vista en Tercera Persona
El corazón de Selene dio un salto irregular y una oleada de mareo la golpeó de repente, por lo que se balanceó levemente, teniendo que apoyarse en el tocador antes de caer al suelo. Parpadeó varias veces y alzó la vista, encontrándose con su propio reflejo.
Por fuera se veía igual, pero algo en su interior había cambiado, algo estaba ocurriendo, aunque no sabía qué.
—¿Selene?
Escuchó la voz de su esposo antes de verlo aparecer en la entrada del vestidor.
—¿Has visto a mi madre? No está por ninguna parte.
—No —respondió Selene, sin apartar la vista del espejo, como si intentara reconocerse.
—Algo está pasando —dijo Zachary—. Pude sentirlo.
Selene parpadeó. Entonces, no había sido la única.
Se giró para mirarlo, con los ojos muy abiertos. —¿Tú también lo sentiste?
—Sí —respondió él, dando un paso hacia ella—. Pude sentir... el cambio.
—¿Qué crees que significa? —preguntó Selene.
Zachary abrió la boca para responder, pero otra voz lo interrumpió.
—Significa que la verdadera portadora de la magia por fin despertó.
Ambos se giraron de golpe.
Cora acababa de entrar, su mirada iba de Zachary a Selene, mordiéndose el labio con fuerza, como si luchara por mantenerse en pie. De inmediato, Selene notó lo nerviosa que estaba; Cora se alisaba la falda del vestido una y otra vez, y casi podía oír el latido acelerado de su corazón.
Cora soltó un suspiro tembloroso, su nariz y sus mejillas se enrojecieron.
—Perdón por entrar así —dijo en voz baja—. Antes nunca tocaba la puerta, supongo que hay costumbres que son difíciles de dejar atrás.
—Cora —murmuró Zachary, con los ojos muy abiertos—. ¿C... cómo? ¿Cuándo...? ¿D... dónde...?
Intentaba formular las preguntas, pero no lograba hacer ninguna completa.
—Yo soy la razón por la que están muertos... —susurró, en una voz tan baja que Selene casi no la oyó.
—¿Quiénes? —preguntó Zachary, frunciendo el ceño—. Cora, no tiene sentido lo que dices.
—Nuestros padres —soltó ella de golpe—. Yo soy la razón por la que murieron.
Zachary dejó escapar una risa baja, negando con la cabeza. —Fue un accidente de tráfico, Cora. No fue tu culpa...
Ella negó con la cabeza, temblando aún más. —¿No lo recuerdas? Mamá y papá nos llevaban a mi mejor amiga, Ivy, y a mí, a clases de baile.
Zachary asintió. —Sí, luego me llamaron para decirme que había habido un accidente y que debía ir a buscarlas de inmediato.
Cora volvió a asentir y tomó aire con dificultad.
—Estaba en el asiento trasero, presumiendo de mi magia delante de Ivy... pero perdí el control —confesó, apartando la mirada—. Yo causé el accidente, yo soy la razón por la que murieron.
El corazón de Zachary se rompió al escucharla, pero se esforzó por no demostrarlo, por el bien de su hermana.

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