Punto de Vista de Judy
Desperté con una sensación extraña. No era dolor, tampoco confusión, era otra cosa.
Moví los dedos sin pensarlo, era como si mi cuerpo reaccionara antes que mi mente. Después moví las manos, y solo entonces fui consciente de la superficie blanda bajo mi espalda, del suave roce de las sábanas contra mi piel.
El olor de la habitación me resultó familiar.
La clínica de Eliza.
Mi memoria estaba incompleta. Sabía que algo había salido mal, porque no habría despertado allí sin razón, pero los detalles se resistían a llegar a mi mente. Mis párpados pesaban y aun así, no me sentía débil.
Al contrario, una energía desconocida recorría mi cuerpo, profunda y constante, era como si algo se hubiera encendido en mi interior. Respiré hondo y cerré los puños, las uñas marcaron mis palmas, dejando medias lunas.
Todo en mí se sentía distinto; más firme, más despierta. Era como si mi cuerpo estuviera aprendiendo a funcionar de una nueva forma.
Abrí los ojos despacio.
El techo fue lo primero que reconocí, luego la luz cálida de una lámpara.
Y después, él.
Gavin estaba sentado a mi lado, inclinado hacia mí, observándome sin parpadear. Su expresión era tensa, sus ojos estaban enrojecidos y durante un segundo pensé que había llorado.
Le toqué la mejilla y él aspiró bruscamente.
—Gavin... —murmuré—. ¿Qué pasó?
—Nos diste un susto —dijo.
Su mano recorrió mi brazo con cuidado, como si comprobara que yo seguía allí. Luego sujetó mi muñeca, besó el interior y dejó nuestras manos entrelazadas sobre mi regazo, dibujando círculos lentos con su pulgar, de forma casi inconsciente.
—Lo siento —dije.
—No tienes que disculparte.
Se inclinó hasta apoyar la frente contra la mía. Su respiración se volvió más profunda.
—¿Cómo te sientes?
La pregunta me obligó a detenerme a analizarlo, porque no sabía cómo responderla. No me sentía como creía que debería; pensé que estaría agotada, vacía, pero no lo estaba.
Me sentía alerta, cálida y viva. Había una vibración suave bajo mi piel, constante, como un murmullo interno.
Mi loba también estaba despierta, se sentía más fuerte, más presente. El corazón me latía rápido, pero no por miedo, sino por expectativa.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Seduciendo al suegro de mi ex