—¿Estás segura de que quieres hacer esto? —me preguntó Gavin, con los ojos fijos en mi rostro mientras yo contemplaba toda la manada.
—Claro que está segura, debe mostrarles quién manda —dijo Irene, cruzando los brazos sobre el pecho y agregando una última frase solo para mí—. Recuerda mantener la cabeza en alto y no dejarles ver ninguna debilidad.
Lo miré desde abajo.
—Puedo hacerlo —le dije, orgullosa de que mi voz no temblara—. Necesito que confíes en mí.
—Confío en ti —repuso, bajando la voz a un susurro—. Pero no confío en ellos. Me dejó atónito que toda mi manada tratara de amedrentar a mi compañera y que estés en tendencia en los medios. ¿Sabías que esto estaba pasando?
Me mordí el labio inferior.
—Tal vez tuve una corazonada —admití, sin querer mentirle.
—¿Por qué no me lo dijiste?
—Porque sabía que te alteraría y no quería que eligieras entre tu manada y yo… —respondí, bajando la vista a mis pies.
Gavin colocó dos dedos bajo mi mentón y alzó mi mirada hacia la suya; vi la sinceridad y el amor en sus ojos, por lo que mi corazón dio un salto.
—Eres mi compañera… mi familia. Siempre elegiré a mi familia por encima del deber —me dijo, con un tono que no admitía réplica—. Mis hijos y tú son mi prioridad, siempre. No lo dudes nunca… te amo, y estamos en esto juntos.
Mi corazón se hinchó ante sus palabras sinceras, y me encontré inclinándome un poco más hacia él.
—Esto es tierno y todo, pero todos los están mirando —susurró Irene a mi lado—. ¿Y recuerdas lo que te dije de la imagen?
Tenía razón; necesitaba ser fuerte por una vez… demostrarles que podía ser la Luna que querían y merecían.
Me volví hacia la multitud y me aseguré de tener una postura erguida y la cabeza en alto, como Irene al entrar. Debía actuar como si poseyera el mundo y perteneciera allí más que nadie.
Sentí un extraño impulso recorrer mi cuerpo, y mi loba se agitó en mi interior. Apenas noté que avanzaba, pero me acerqué al frente para quitarle el megáfono a Olivia. Todos me observaban con los labios sellados y ojos desmesurados.
La energía que me invadía se intensificaba, al punto en que algunos contuvieron el aliento cuando pasé, pero no miré a nadie mientras caminaba hacia el frente, con mis ojos fijos en Olivia, que me observaba con recelo.
Parpadeó varias veces y miró a su audiencia, que nos observaba conteniendo el aliento. Luego soltó una risa incómoda y lo empujó hacia mi.
—Está bien… no es como si importara —dijo, encogiendo un hombro al retroceder—. De todos modos, ya están contra ti.
Tragué el nudo en mi garganta pero mantuve una expresión neutral al girarme hacia todos. Mis ojos fueron de inmediato a Gavin; estaba con Irene y Matt a lo lejos, quienes me veían con admiración y fe en sus rostros. Gavin me hizo un gesto rápido y un guiño, haciendo que mi corazón revoloteara.
Eso bastó para darme la confianza que necesitaba.
Con una inhalación profunda, volví la vista hacia los demás.
—No vine aquí a pelear —les dije con honestidad—. Tampoco a suplicarles.
Todos guardaron silencio mirándome, al punto que no sabía si tan siquiera respiraban. El ambiente estaba tan cargado que me costaba transmitir el mensaje, pero atravesé esa bruma y continué, sintiendo que la extraña energía en mi cuerpo se fortalecía aún más.
—Vine porque me guste o no… son mi manada —les dije, odiando reflejar esa emoción real en mi voz—. Y tal vez tengan razón en que no fui criada para este rol, que no me prepararon para él, ni crecí pensando que un día estaría aquí.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Seduciendo al suegro de mi ex