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Seduciendo al suegro de mi ex romance Capítulo 894

—Resulta… que me cambiaron al nacer. Mi familia biológica son los Blackwell, y al parecer soy la heredera y el recipiente de la magia. Sé que suena extraño, pero...

El sollozo de mi madre me interrumpió, así que me volví a ella. Su rostro estaba pálido, con lágrimas surcando sus mejillas.

—Lo siento tanto —dijo, secándose los ojos.

—Shelly… —empezó a decir mi padre, con voz más suave que nunca.

Ella lo miró, silenciándolo.

—Ella merece saberlo, Richard —le dijo mi madre.

Mi cuerpo entero se tensó; me estaban ocultando algo, por lo que mis entrañas amenazaron con estallar.

Mi padre exhaló.

—Lo sé… —dijo tras larga pausa—. Solo esperaba tener un poco más de tiempo.

—Yo también —susurró mi madre.

—¿Qué pasa? —pregunté, mirando entre ellos, con el ceño fruncido y el corazón en la garganta—. ¿Me están ocultando algo?

—Antes de que te lo digamos, debes saber que te queremos mucho y que solo queríamos protegerte —me dijo mi padre, tocando mi mano—. Nunca hemos querido mentirte… pero sabíamos que si te enterabas de la verdad, seguirías investigando, y encontrarías más cosas de las que puedes soportar.

—Queríamos una vida simple para ti —añadió mi madre, con los ojos llenos de lágrimas—. Nunca quisimos que el peso del mundo estuviera sobre tus hombros. Sentimos tanto no haberte dicho la verdad desde el principio, cariño.

Mi corazón se hundió al parpadear ante ellos; la comprensión me invadió de golpe.

—Esperen… —dije, intentando asimilar lo que querían decirme.

—¿Están diciendo… que lo ya lo sabían? —pregunté, con voz temblorosa.

Asintieron despacio.

—Sí, lo sabíamos —respondió mi padre—. Y lo sentimos tanto…

—Espera, ¿también saben de la magia? —pregunté, con la boca abierta por la sorpresa.

—Sí —respondió mi padre, poniéndose de pie—. Fuimos informados años después, y supimos que debíamos protegerte costara lo que costara. Acordamos callar, pensando que si no lo sabías… no habría problema, porque no tendrías magia y estarías segura.

El dolor destelló en mis ojos haciéndome retroceder.

—¿Me ocultaron algo tan importante por miedo? —pregunté, las lágrimas se arremolinaron en mis ojos—. ¿Y creen que es excusa suficiente?

—Por supuesto que no —dijo mi madre, acercándose—. Esto esta saliendo mal…

—¿Se dan cuenta de que básicamente me secuestraron y ocultaron mi identidad durante años? —pregunté, con voz amarga.

Por su expresión, mi madre parecía haber recibido una abofeteada, y mi padre enrojeció.

—Judy...

—He oído suficiente. Con permiso —Giré alejándome de ellos airada, dejándolos atónitos.

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