Punto de vista de Judy
Cuando Lila organizaba una fiesta… realmente lo hacía a lo grande.
No era lo que esperaba en absoluto; era caótico. La música retumbaba con fuerza, y la gente se agrupaba tanto dentro como fuera. Había porteros revisando invitaciones, y también percibí el olor de renegados… muchos renegados.
Fruncí el ceño mientras observaba mi alrededor, entonces sentí a Gavin a mi lado, con su mano posada en mi espalda baja mientras nos abríamos paso entre la multitud, en busca de un lugar decente donde quedarnos. En realidad, no estábamos allí para divertirnos; sobre todo, habíamos venido a investigar y a detener cualquier plan que Lila pudiera tener en marcha durante la fiesta.
Cuando alcé la vista hacia Gavin con una mirada interrogante en los ojos, él me dio un breve asentimiento, y sus palabras me hicieron sentir que podía leer mis pensamientos.
—También los huelo —murmuró—. Creo que son invitados.
Contuve el aliento de golpe.
—¿Ella invitó renegados a esta fiesta? —pregunté, con el corazón latiendo con fuerza en mi pecho.
¿Por qué Lila invitaría a renegados a su fiesta? No formaban parte de nuestra manada, así que no tenían ni voz ni voto sobre si ella se convertía en Luna o no, sin mencionar que eran criaturas peligrosas e impredecibles.
—Es territorio neutral; se les permite estar aquí —me recordó.
—Sí, pero no entiendo por qué los invitó en primer lugar y, ¿cómo los conoce siquiera? El portero no deja entrar a nadie cuyo nombre no este en la lista de invitados, así que tendría que haber invitado a cada uno personalmente.
—La familia Blackwell estuvo alejada durante mucho tiempo, escondida. No estoy del todo seguro de a quiénes conocieron durante su ausencia.
—Definitivamente, voy a necesitar una bebida —murmuró Irene, con los ojos pegados a su teléfono.
Tenía una expresión distante, que causó que mi pecho sintiera una opresión; sabía que probablemente esperaba un mensaje o algo similar por parte de Chuck. Aún no tenía idea de que lo teníamos capturado y siendo interrogado en la casa de la Manada Creciente Plateado, custodiado por el Beta Taylor.
Ella no quería que supiéramos que había estado en contacto con él, pero ya lo sabíamos. Quise preguntarle al respecto, no obstante, me contuve, sin ganas de alterarla. Además, en ese momento necesitábamos concentrarnos en lo que tramaba Lila, no en la situación sentimental de Irene.
—Yo también podría tomarme una —admitió Nan—. ¿Hay un bar por aquí?
—Sí, hay uno en la esquina —respondió Gavin mientras nos dirigíamos hacia una mesita vacía. La espalda me dolía de tanto caminar y estar de pie, así que cuando encontramos la mesa, exhalé aliviada. Estaba tan ansiosa de que el embarazo llegara a termino; ya pasaba de los seis meses, pero parecía que iba a dar a luz en cualquier momento.
Eliza me había advertido que el bebé crecería mucho más rápido de lo normal por lo poderoso que era. No era un embarazo normal, eso era seguro, pero jamás imaginé que me tambalearía de esa manera tan pronto.
Gavin me ayudó a sentarme.


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