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Seduciendo al suegro de mi ex romance Capítulo 919

Sentí una opresión en el pecho al ver el documento. Sin pensarlo mucho, fui hacia Esme y se lo quité para revisarlo, queriendo ver cuánto había gastado Irene en ese imbécil.

—Oye, eso es personal —intentó protestar Irene, con la voz un poco ahogada—. No tienes derecho a revisar mis cosas personales.

—Irene, ¿por qué le enviaste todo este dinero? —le pregunté, levantando la vista del documento para mirarla a los ojos—. Es muchísimo. ¿Gavin lo sabe?

—No, y por favor no se lo digas —me suplicó, las lágrimas empezaron a brotar de sus ojos y a resbalar por sus mejillas.

Nan se acercó a mí para poder ver el documento, y se quedó boquiabierta al ver la cantidad de dinero que Irene le había enviado.

—Vaya... es más dinero del que he visto en toda mi vida —susurró, sacudiendo la cabeza mientras miraba a Irene—. ¿Por qué lo hiciste?

—Él lo necesitaba —respondió ella, cruzando los brazos sobre su pecho y sorbiendo por la nariz—. Estaba enfermo y necesitaba ayuda médica... además, no era solo para él, su familia también necesita dinero. Su sueldo no ha sido bueno desde la competencia de los Gamma. Aunque le prometieron más dinero, le mintieron... apenas gana nada y tiene que cuidar de su familia, tiene a su madre y a su hermana pequeña...

Fruncí el ceño.

Recordé la competencia de los Gamma y que a veces había visto a un señor mayor que me recordaba mucho a Chuck, también lo vi hablando con él varias veces. En aquel momento no conocía muy bien a Chuck, así que no le pregunté por aquel hombre, ni me importó mucho. Pero ahora sentía más curiosidad que nunca.

Volví a fijar mi mirada en Chuck.

—Entonces, ¿quién era aquel hombre con el que te vi hablando varias veces durante la competencia? —le pregunté.

Abrió ligeramente los ojos, pero apretó los labios, negándose a hablar.

—Me alegro de que lo preguntes, Judy —dijo Cora, volviéndose hacia mí.

Metió la mano en su bolso y sacó una foto. Era el mismo hombre que vi en la competencia, de pie junto a una mujer guapa, un poco más baja que él, con un Chuck de aspecto juvenil, que tenía una sonrisa radiante en el rostro y estaba de pie delante de ellos, quienes tenían las manos sobre sus hombros.

—Lo dudo —dijo Cora con el ceño fruncido—. Nunca habría permitido que Chuck formara parte del equipo Elite si lo hubiera sabido. Además, toma una cantidad absurda de esteroides, no me extraña que sus músculos estén siempre tan abultados.

Hice una mueca al oír la última parte.

—Qué asco —se burló Nan, poniendo los ojos en blanco.

—No lo entiendo... —susurró Irene—. ¿Por qué me has traído hasta aquí? ¿Por qué tenemos que estar en la mansión?

Esme se acercó a ella; su presencia me parecía reconfortante, y me di cuenta de que Irene también lo sentía de esa manera.

—Porque aquí fue donde lanzó la maldición de la sirena. La esencia de esa maldición permanece aquí, y aquí es donde podemos romperla.

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