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Señor Lafuente, su esposa ha pedido el divorcio hace tiempo romance Capítulo 295

Logan contestó rápidamente esta vez: —Vale, entendido.

Sábado por la mañana.

Rebeca condujo hasta la antigua casa de la familia Pedroza.

Gran parte de los Pedroza estaba en el extranjero, y cuando Rebeca llegó a la casa de los Pedroza, la única persona que había en la vieja mansión era Lenin, a excepción de algunos criados.

Cuando se enteró de la llegada de Rebeca, Lenin salió a saludarla: —¿Rebeca, estás aquí?

—Sí. —Sonrió Rebeca, al ver que estaba de buen humor, también se sintió un poco aliviada, pero aun así no pudo evitar decir—: Has adelgazado mucho.

Lenin se rio: —Sí, he adelgazado mucho, pero esoy muy bien, así que no te preocupes.

Rebeca y Lenin entraron en la casa.

Lenin le ofreció café, al ver que venía sola y no con Logan, tampoco preguntó.

Rebeca vio esto y supo que él debía saber que estaban en divorcio.

Lenin no solo no preguntó por Logan, tampoco por Carolina, por lo que parecía que no solo sabía del divorcio, sino que también sabía que ella no tenía la custodia de Carolina.

No preguntó y Rebeca no sacó el tema voluntariamente.

Lenin y ella tomaron café y charlaron, y al cabo de unos veinte minutos, la criada de se acercó y le dijo a Lenin que había llegado un invitado.

Lenin no dijo nada. Era señal de que no iba a salir a recibirlo.

Lenin le ofreció aperitivos a Rebeca, Rebeca asintió con la cabeza y probó un par de bocados.

En ese momento, la voz del mayordomo llegó desde la puerta lateral: —Señor Lafuente, entre por favor.

Lenin se asomó, pero tras una sola mirada, su rostro se puso descontento.

Rebeca se sobresaltó, y el ruido de tacones que escuchó confirmó sus sospechas.

Lenin hizo una mueca y no dijo nada.

Logan estaba familiarizado con la vieja mansión de la familia Pedroza, y no le importó que Lenin estuviera disgustado, fue a sentarse al otro lado del sofá con Natalia.

Anteayer, Logan había llevado a Natalia a la vieja casa.

Hoy la trajo a la casa de Lenin.

Estaban en proceso de divorcio y ya se desesperaba por presentarla a todos sus familiares...

Rebeca pensó en esto y retiró los ojos, sorbiendo su café en silencio.

Logan estaba tan a gusto como en su propia casa, y cuando Lenin les ignoró a él y a Natalia, se sirvió café para él y Natalia.

Lenin se enfurruñó y extendió la mano para golpearle: —¡No toques mi café!

Logan se rio: —¿Me preparo otro entonces?

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