La habitación era bastante amplia, con una pantalla verde en el centro.
Una empleada se acercó a Valeria con unos lentes de realidad virtual.
—Señorita Núñez, por favor, cierre los ojos, la ayudaré a ponerse los lentes.
Valeria cerró los ojos.
La empleada le colocó los lentes VR y luego la llevó hacia adelante tomándola de la mano. Al llegar a la posición indicada, la empleada la soltó y le dijo:
—Señorita Núñez, ya puede abrir los ojos.
Al escuchar esto, abrió los ojos lentamente...
Ante ella apareció ese sendero arbolado de sus recuerdos, con sonidos intermitentes de petardos y fuegos artificiales alrededor, y faroles rojos colgando de los árboles viejos.
En un santiamén, el sol se puso tras las montañas y las casas del pueblo se iluminaron una por una.
Valeria dio dos pasos hacia adelante y la imagen cambió...
Un patio rural con faroles colgando en la entrada. La antigua puerta de madera se abrió poco a poco con un crujido, y esa figura delgada salió desde adentro.
El anciano se apoyó en el marco de la puerta con una mano, levantando ligeramente la barbilla mientras miraba hacia donde estaba Valeria.
Al ver a su preciosa nieta, los ojos bondadosos del abuelo se curvaron en una sonrisa y le hizo señas con la mano.
—Valeria, ya oscureció, ¡ven a cenar!
Ella no se atrevía ni siquiera a parpadear. Caminó hacia adelante.
—Abuelo... —llamó por instinto al anciano, las lágrimas ya le habían empapado la cara...
En la sala de observación, separada por un vidrio de la sala de experiencia, estaban Mario, Santiago, Emilio y Lina.
Los técnicos estaban sentados frente a una compleja consola de control, ajustando todo en tiempo real según las reacciones de Valeria.
Frente a ellos había una pantalla de setenta pulgadas mostrando la impresionante escena generada por los lentes VR.
En la imagen, Valeria había regresado al patio rural donde vivía con su abuelo cuando era niña.
El abuelo tomó su mano con cariño.
—Ya estás tan grande y aún sigues siendo juguetona. Hoy es Nochevieja, hice muchas cosas que te gustan.
Valeria siguió al anciano dentro de la casa.
—¡Ya llegaste!

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