—¿Qué pretende Santiago con esto?
Lina tiró el vestido sin cuidado.
—¡Está loco! ¡No me digas que te trajo hasta aquí desde tan lejos para celebrar una boda contigo!
Valeria miró fijamente el vestido de novia con la frente arrugada.
—No quiere celebrar una boda conmigo.
—¿Ah? —Puso los brazos en jarra—. Si no quiere celebrar una boda contigo, ¿entonces te envía un vestido de novia como recuerdo del divorcio? ¡Se cree el galán de todas! Para un divorcio anda con tanto misterio y rodeos, ¡no lo soporto!
Valeria no dijo nada, solo tenía una expresión algo grave.
—En serio, no lo entiendo. Si de verdad quisiera darte algo como recuerdo, ¡te daría joyas, autos o casas! ¿Un maldito vestido de novia? ¿Acaso se le olvida? Ustedes nunca tuvieron una boda, ¡esto es para fastidiarte!
Lina caminó hasta donde estaba ella y se sentó a su lado, mirando su expresión. Al verla tan seria y callada, no pudo evitar preocuparse.
—Valeria, ¿estás bien? ¡Si tienes rabia, desahógate! No te lo guardes; es fácil enfermarse por eso.
—Estoy bien.
Valeria volteó a ver a Lina y sonrió.
—No te preocupes. Ya no me importa Santiago. No importa si me envía un vestido de novia o cualquier otra cosa; para mí, todo esto es solo trabajo.
—Pero él te envía un vestido de novia... —Lina estaba algo inquieta—. En serio, no entiendo a Santiago. Siento que ya no puedo usar lógica para entender lo que piensa.
—Creo que sé más o menos qué quiere hacer.
Lina la miró con los ojos bien abiertos.
—¡Dime, rápido!
—No te apures, tengo todo claro. —Valeria le dio unas palmaditas—. Ahora, necesito que vayas a comprarme algunas cosas, sin que Santiago y Emilio se enteren.
Lina asintió.
—¡Por supuesto!
***
Esa noche, las luces del cuarto de ellas estuvieron encendidas toda la noche. Hasta que los primeros rayos del amanecer entraron por la ventana, se apagó la luz. La llamada de Santiago llegó en ese momento. Valeria no se sorprendió para nada y contestó con calma.
—Ponte el vestido de novia, Emilio irá por ti.
Valeria no dijo nada y colgó. Luego volteó hacia Lina.
—Ayúdame.
—Por supuesto.
Una hora después, tocaron la puerta. Dentro del cuarto, Valeria ya se había puesto el vestido. Entonces, Lina fue a abrir la puerta. Afuera, Emilio tenía una expresión algo incómoda.
—Eh, ¿ya está todo listo?
Lina solo respondió con frialdad y se dio la vuelta para ayudar a Valeria con la cola del vestido. El vestido era de corte sirena, de hombros descubiertos, muy ceñido y le quedaba perfecto, dejando ver las curvas Valeria aún más perfectas.
Pero, además del vestido, Valeria no se había peinado ni maquillado, era descuido en su máxima expresión. Por supuesto, él pensaba que el hecho de que Valeria se hubiera puesto el vestido de novia ya era algo extraordinario.
La miró y dijo:
—Señorita, lamento que tenga que pasar por esto.
Ella se detuvo. Sus ojos indiferentes no mostraron emoción, pero al escuchar esa frase: "lamento que tenga que pasar por esto", sus labios curvaron con frialdad.
—Así que, sabes que él me debe una disculpa.
Emilio se quedó sin palabras.

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