Esa mamá tan tierna debería ser solo para él.
—Los sentimientos entre adultos son muy complicados. —Amanda le acarició la cabeza a Nicolás, con tono compasivo—. Nicolás, ¿quieres ir a ver a tu mamá Valeria?
—¡Sí quiero! ¡Muchísimo!
Los ojos de él se llenaron de lágrimas. Se limpió con la manga y dijo con voz quebrada:
—Pero papá me dijo en el avión que no puedo molestarla más. También dijo que, si quiero verla, primero tengo que pedirle permiso, ¡y solo puedo ir a buscarla si él está de acuerdo!
—¿Qué tal si fingimos que fue solo un encuentro casual?
—¿Un encuentro casual? —Nicolás abrió los ojos muy grandes—. Abuela, ¿ya tienes un plan?
Ella le tocó la mejilla.
—Sí, ya pensé en una manera perfecta para ayudarte.
—¡Wow! —Él se llenó de alegría y se lanzó a los brazos de ella para abrazarla.
—¡Abuela, eres increíble! Eres tan genial y además eres tan buena conmigo. ¡Te amo muchísimo!
Amanda abrazó al niño y le acarició su cabecita, mientras en sus ojos se ocultaba maldad.
***
Valeria llegó a casa del trabajo a las seis de la tarde. Al salir del elevador, vio que la puerta del apartamento de enfrente estaba abierta, con trabajadores de mudanza. Ella echó un vistazo sin prestarle mayor atención, abrió su puerta y entró a casa. Carmen escuchó el ruido desde la cocina y asomó la cabeza con la espátula en la mano.
—¡Ya llegaste!
—Sí. —Valeria se cambió a pantuflas en la entrada—. Veo que los vecinos de enfrente se están mudando.
—¡Exacto! —Carmen respondió mientras seguía cocinando—. Parece que compraron el apartamento hace apenas un par de días.
Ella puso su bolso sobre la mesa y se acercó a la cocina, apoyándose en el marco de la puerta.
—¿Los has visto?

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