A Mariana se le cayeron las lágrimas, alzó el mentón para mirar a Lucas con expresión lastimera.
—Lucas, ahora solo tú puedes ayudarme.
Lucas movió la nuez de Adán, sus ojos cafés se fijaron en los ojos enrojecidos de Mariana.
—¿Cómo quieres que te ayude?
—Valeria me está quitando a Santiago y también me está quitando a mi hijo...
Mariana habló con tono débil e inocente, pero sus palabras eran sumamente maliciosas.
—Sé que no puedo ganarle, pero realmente no me resigno. Ella me arrebató a las personas más importantes para mí, ¡así que también quiero que pruebe mi dolor! Quiero que las personas que le importan se vayan alejando una por una, ¡quiero que sienta lo que es quedarse sola y traicionada por todos!
Lucas hizo una mueca.
—Las personas más importantes para ella ahora son solo Lina y Rafael. Rafael tiene el respaldo del gobierno y su trasfondo familiar no se puede ignorar, no se puede tocar.
Hizo una pausa y agregó:
—Lina últimamente anda cerca de Emilio, si la toco, este último se empeñará en protegerla y me temo que no podré hacer nada.
—Lo sé, sé que esto es muy difícil para ti... —Mariana se incorporó, se arrodilló en la cama del hospital y su cuerpo delicado se acercó poco a poco—. Pero, ¿y si fuera un accidente?
—¿Qué quieres decir?
—Escuché que nuestro hospital va a mandar un equipo médico a las montañas para atención gratuita a principios del mes que viene, ¿Lina no está en la lista de participantes?
—La atención gratuita es para mejorar la imagen de nuestro hospital. Si algún personal médico tiene un accidente durante la jornada de atención gratuita, sería muy perjudicial para nuestro hospital. Además, Emilio también va a participar.
—Pero ahora es temporada de lluvias, el terreno en las montañas es peligroso, si encima llueve mucho, que ocurran accidentes con heridos, ¿no sería algo normal?
Mariana siguió acercándose a él, sus ojos llorosos se veían tan desamparados.
—Lucas, ¿no siempre has querido hacerme feliz?
El aliento de la mujer rozó su cuello. Lucas estaba indeciso, se le movió la nuez de Adán, retrocedió un paso y se contuvo con gran esfuerzo.
—Mariana, no tienes que hacer esto, yo, de verdad espero que seas feliz, pero hacia ti... no tengo segundas intenciones.

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