Ella se sentía agraviada, pero sabía que no podía culpar a su madre.
Su madre nunca había sido una persona de carácter fuerte. Al no entender la situación y dejarse llevar por lo que decían en internet, se preocupó tanto que se confundió. Valeria lo comprendía.
Después de tranquilizar a su madre, Valeria se giró. Le echó un vistazo a Mariana, que seguía en la puerta, y luego fijó su mirada en Santiago.
—Santiago, acepté aclarar las cosas en internet solo porque años atrás me ayudaste. —La voz de Valeria era gélida. —Pero si hubiera sabido que todo terminaría así, habría preferido ser una malagradecida.
Él la observó, notando en ella una determinación que jamás había visto.
Era totalmente diferente a la Valeria de los últimos años, esa mujer tranquila, pero siempre atenta a todo.
Se dio cuenta de que ella había cambiado.
—Me encargaré de lo que está pasando. —Dijo Santiago con voz grave. —No culpes a Mariana, ella ya salió a defenderte en sus redes sociales.
—¿A defenderme? —Valeria soltó una risa amarga. —Si no fuera por ustedes dos, ¿me habrían expuesto en internet? ¿Acaso necesitaría que ella fingiera bondad y saliera a defenderme?
Santiago apretó los labios, quedándose sin palabras.
Valeria ya estaba harta de lidiar con ellos.
—Santiago, escúchame bien. Si he aguantado tanto es solo por Nicolás, pero eso no significa que puedan pisotearme.
Valeria le lanzó una mirada a Mariana que seguía en la puerta. Su voz no era fuerte, pero sí amenazante.
—¿Quieren jugar con la opinión pública? Yo también sé hacerlo. Pero si vamos a jugar en serio, ¿están seguros de qué podrán con las consecuencias?
—Valeria. —Santiago endureció su tono. —¿Me estás amenazando?
—Si ustedes no tienen nada que ocultar, entonces mis palabras no deberían preocuparles.

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