Carlos accedió con mucha facilidad.
—Perfecto. De todas formas, quería llevar a Noah a conocer mi tierra natal.
Mariana arrugó la frente.
—¿Tu tierra natal?
Carlos sonrió ligeramente.
—Mi bisabuelo era de Solador.
Mariana no lo pensó mucho, solo preguntó:
—¿Tengo que acompañarlos?
—¿No ibas a regresar al país para grabar un programa de variedades?
Mariana asintió.
—Sí, ya firmé el contrato.
—Entonces, llevaré a Noah solo.
Mariana suspiró, aliviada en secreto.
—Está bien, cuando termine mis compromisos, iré a Solador para encontrarme con ustedes.
Carlos esbozó una sonrisa contenida.
—Perfecto.
***
Paz durmió hasta las ocho de la mañana.
Al despertar se dio cuenta de que estaba sola en la cama, se frotó los ojos, se bajó de la cama por sí misma, se puso las pantuflas y fue a abrir la puerta.
Al salir de la habitación, vestida con su pijama de dibujos animados, se dirigió hacia el cuarto de Valeria.
Tenía la intención de buscar ropa para cambiarse, pero al abrir la puerta vio a Valeria durmiendo profundamente. Los ojos de Paz se iluminaron.
—¡Mamá!
Valeria se sobresaltó al escuchar la vocecita clara y cristalina de su hija, y el sueño se le espantó.
Paz corrió hacia ella, se quitó las pantuflas y se subió a la cama, acurrucándose en los brazos de Valeria.
Ella extendió los brazos para abrazar a su pequeña hija.
—¿Tesoro, acabas de despertar?
—¡Sí! —Paz olisqueó en los brazos de Valeria—. Mamá hueles muy rico...

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